Manejar las emociones podría ayudar a los adolescentes a mantener un peso saludable

Enseñar a los adolescentes a reconocer y gestionar sus emociones podría mejorar los resultados de los programas de control de peso, especialmente al reducir la probabilidad de recuperar los kilos perdidos. Así lo señala un estudio publicado el 22 de octubre en la revista JAMA Network Open.
La investigación encontró que incorporar estrategias de regulación emocional a un programa de control de peso ayudó a disminuir la alimentación emocional, es decir, el hábito de recurrir a la comida para aliviar el estrés, afrontar emociones difíciles o mejorar el estado de ánimo.
El estudio fue dirigido por Kerri Boutelle, profesora de pediatría y psiquiatría de la Universidad de California en San Diego. Su equipo destacó que el tratamiento del sobrepeso durante la adolescencia debe contemplar no solo los hábitos alimentarios y la actividad física, sino también los factores emocionales que pueden influir en la relación con la comida.
¿Cómo se realizó el estudio?
Los investigadores reclutaron a 166 adolescentes con sobrepeso u obesidad y a sus padres. Los participantes fueron distribuidos aleatoriamente en dos grupos:
Programa estándar: incluyó orientación sobre alimentación saludable, ejercicio, establecimiento de objetivos realistas, control de las calorías y modificación de hábitos alimentarios.
Programa con apoyo emocional: incorporó las mismas estrategias, además de asesoramiento para reconocer y manejar las emociones relacionadas con la alimentación.
Ambos programas tuvieron una duración de seis meses y consiguieron resultados similares en cuanto a la pérdida de peso durante ese periodo.
Al finalizar la intervención, el 26 % de los adolescentes que recibieron el programa con apoyo emocional había alcanzado una pérdida de peso clínicamente significativa, frente al 22 % del grupo que recibió el tratamiento estándar.
Menor recuperación del peso perdido
La diferencia más notable apareció durante el seguimiento posterior al tratamiento. Un año después de finalizar el programa, aproximadamente el 22 % de los adolescentes que recibieron entrenamiento emocional había mantenido el peso perdido, en comparación con el 4 % de quienes participaron en el programa estándar.
Estos resultados sugieren que abordar la relación entre las emociones y la alimentación podría contribuir a que los cambios de hábitos se mantengan una vez concluida la intervención estructurada.
Sin embargo, los cuestionarios utilizados no mostraron diferencias significativas en las habilidades generales de regulación emocional entre ambos grupos. Los investigadores plantearon que el beneficio podría deberse a una menor tendencia a responder a las emociones difíciles comiendo, aunque todavía no se ha determinado el mecanismo exacto.
La importancia del bienestar emocional durante la adolescencia
La adolescencia es una etapa en la que los jóvenes desarrollan mayor independencia y aprenden a gestionar emociones cada vez más complejas. Por ello, los autores consideran que los programas de control de peso deben adaptarse a estas necesidades e incluir herramientas que los adolescentes y sus familias puedan utilizar a largo plazo.
También señalaron que se necesitan nuevos estudios para identificar qué componentes de la intervención fueron más útiles. Entre las posibilidades se encuentran los cambios en las estrategias de afrontamiento de los adolescentes, la manera en que los padres responden a las emociones de sus hijos y la interacción entre ambos.
En conclusión, el estudio sugiere que el control de peso durante la adolescencia puede beneficiarse de un enfoque que integre la alimentación, la actividad física y el bienestar emocional. Aunque los resultados son prometedores, se requieren investigaciones adicionales para confirmar su eficacia y comprender mejor cómo mantener los beneficios a largo plazo.
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