Más padres se niegan a recibir una vacuna que salve la vida de sus recién nacidos

Cada vez más padres están rechazando la aplicación de una inyección destinada a proteger a los recién nacidos contra hemorragias cerebrales que pueden ser fatales, de acuerdo con una investigación reciente.
Según los resultados, que serán presentados en una próxima reunión de la American Academy of Neurology, los bebés que no reciben vitamina K al nacer tienen 81 veces más probabilidades de padecer sangrados graves, los cuales con frecuencia derivan en daño cerebral.
Los investigadores advirtieron que esta negativa puede tener consecuencias muy severas. Entre los lactantes que desarrollaron sangrado por deficiencia de vitamina K, alrededor del 63 % sufrió hemorragia cerebral, el 40 % presentó daño neurológico permanente y el 14 % murió.
La Dra. Kate Semidey, profesora adjunta de pediatría en la Universidad Internacional de Florida en Miami, señaló que la vitamina K administrada al nacer es un método seguro y eficaz. Aunque el rechazo sigue siendo poco frecuente —con tasas inferiores al 1 % en la mayoría de los hospitales de Estados Unidos—, la revisión detectó un incremento reciente en los padres que optan por no administrar este suplemento a sus hijos.
Los recién nacidos presentan niveles muy bajos de vitamina K, un nutriente esencial para que la sangre coagule adecuadamente. Por ello, los médicos recomiendan aplicar una única dosis poco después del parto. No se trata de una vacuna, sino de un complemento vitamínico.
Para este análisis, el equipo examinó datos de 25 estudios previos que evaluaban tanto la frecuencia del rechazo como los casos de sangrado por deficiencia de vitamina K.
En Minnesota, por ejemplo, la tasa de negativa pasó del 0,9 % en 2015 al 1,6 % en 2019. En estados como California, Connecticut e Iowa, las cifras oscilaron entre el 0,2 % y el 1,3 %. Además, más de la mitad del personal hospitalario reportó haber observado un aumento en la oposición de los padres a esta inyección.
A nivel internacional, el rechazo se situó entre el 1 % y el 3 % en países como Canadá, Nueva Zelanda y Escocia.
El estudio también reveló que la negativa a la vitamina K suele formar parte de una desconfianza más amplia hacia intervenciones médicas. En Estados Unidos, los padres que rechazaron esta inyección tenían 90 veces más probabilidades de negarse también a la vacuna contra la hepatitis B y a las pomadas oftálmicas preventivas que protegen a los recién nacidos de infecciones capaces de causar ceguera.
En Canadá, quienes rechazaron la vitamina K fueron 15 veces más propensos a no vacunar a sus hijos antes de los 15 meses, mientras que en Nueva Zelanda la probabilidad fue 14 veces mayor.
Entre las razones expresadas por los padres se encontraban el temor al dolor de la inyección, la preocupación por posibles conservantes y la influencia de información incorrecta sobre el procedimiento.
Semidey subrayó que los resultados evidencian la necesidad urgente de que los profesionales de la salud ofrezcan orientación prenatal clara y basada en evidencia, para que los padres comprendan que la vitamina K puede prevenir lesiones cerebrales graves y sus consecuencias a largo plazo.
Los hallazgos serán expuestos durante la reunión anual de la American Academy of Neurology, programada del 18 al 22 de abril en Chicago. Como ocurre con toda investigación presentada en congresos médicos, estos resultados deben considerarse preliminares hasta que se publiquen en una revista científica revisada por pares.
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