MASLD o MASH, que significan estas siglas para la salud

Las enfermedades hepáticas vinculadas a la disfunción metabólica, denominadas MASLD y MASH, se han convertido en una prioridad en salud pública. Según la Mayo Clinic, ambas se consideran padecimientos “silenciosos”, ya que en sus fases iniciales generalmente no producen síntomas evidentes.
Sin embargo, cuando se detectan y tratan a tiempo, es posible frenar su avance e incluso favorecer la regeneración del hígado si el daño aún no es severo. El riesgo es mayor en personas con obesidad, diabetes, prediabetes o hipertensión.
¿En qué consisten MASLD y MASH?
La enfermedad hepática grasa asociada a disfunción metabólica (MASLD) ocurre cuando se acumula grasa en el hígado en exceso y el paciente presenta al menos un factor de riesgo cardiometabólico. Entre ellos se encuentran el sobrepeso u obesidad, diabetes o prediabetes, hipertensión, triglicéridos elevados o niveles bajos de colesterol HDL.
Cuando, además de la grasa acumulada, existe inflamación en el hígado, la afección recibe el nombre de MASH (esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica), considerada una forma más grave.
Si no se atiende de manera oportuna, MASH puede derivar en fibrosis —formación de tejido cicatricial— y progresar hacia cirrosis, una etapa avanzada e irreversible del daño hepático. En contraste, quienes padecen MASLD sin inflamación rara vez desarrollan fibrosis, aunque requieren vigilancia médica constante.
Factores de riesgo y evolución
Estas patologías están estrechamente relacionadas con el síndrome metabólico, diagnosticado cuando se presentan al menos tres de los siguientes factores: obesidad, triglicéridos altos, colesterol HDL bajo, presión arterial elevada o niveles altos de glucosa en sangre. Este síndrome incrementa el riesgo de cardiopatías, diabetes tipo 2 y accidentes cerebrovasculares.
Tanto MASLD como MASH pueden avanzar durante años sin manifestaciones claras, lo que complica su identificación si no se realizan estudios específicos. Para evaluar la posible presencia de fibrosis avanzada, los médicos utilizan el índice FIB-4, que integra la edad del paciente, niveles de enzimas hepáticas y recuento de plaquetas.
Si persisten dudas, se pueden indicar estudios complementarios como la elastografía hepática (FibroScan) o resonancias magnéticas especializadas, que miden la rigidez del hígado y permiten clasificar el daño en una escala de 0 (sin lesión) a 4 (cirrosis).
De acuerdo con la doctora Blanca C. Lizaola-Mayo, directora médica del Centro de Trasplante Hepático de Mayo Clinic en Arizona, la progresión suele ser lenta y un paciente puede tardar alrededor de diez años en pasar de una etapa a otra. No obstante, existe un pequeño grupo que evoluciona con rapidez y puede desarrollar cirrosis en menos de una década, por lo que requiere seguimiento más estricto.
Posibles complicaciones
La complicación más preocupante es la fibrosis avanzada que puede culminar en cirrosis. En esta fase, el hígado pierde progresivamente su capacidad funcional y pueden aparecer problemas graves como ascitis (acumulación de líquido en el abdomen), hinchazón en las piernas y encefalopatía hepática, que provoca confusión debido a la acumulación de toxinas.
También pueden surgir hemorragias digestivas por várices en el esófago o el estómago, así como cáncer hepático. En los casos más extremos, el trasplante de hígado puede ser la única alternativa para preservar la vida.
Además del daño directo al hígado, tanto MASLD como MASH incrementan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas, lo que refuerza la importancia de la detección temprana y el control de los factores de riesgo.
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