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Monclova: memoria viva que se desvanece entre olvido e indiferencia

El escaso reconocimiento amenaza con dejarlo fuera de la memoria colectiva local.

Cultura: El escaso reconocimiento amenaza con dejarlo fuera de la memoria colectiva local.
Lucy Garza/ Especial

Monclova no es solo una ciudad del norte de México. Monclova es historia viva. Es origen, es lucha, es identidad para Coahuila. Es un territorio donde el pasado no fue inventado, sino forjado con hechos reales que marcaron el rumbo de una nación. Sin embargo, hoy en día, esa riqueza histórica, cultural e industrial parece desvanecerse ante la indiferencia de sus propios habitantes y la falta de conciencia colectiva.

Hablar de patrimonio en Monclova es hablar de aquello que nos pertenece a todos, aunque muchas veces no lo sepamos. Es hablar de lo que nos da identidad, de lo que nos conecta con nuestras raíces y de lo que nos permite reconocernos como comunidad. Pero, ¿cómo se puede proteger lo que no se conoce? ¿Cómo se puede valorar lo que no se comprende?

Cultura: El escaso reconocimiento amenaza con dejarlo fuera de la memoria colectiva local.
Cultura: El escaso reconocimiento amenaza con dejarlo fuera de la memoria colectiva local.

Uno de los grandes problemas que enfrenta Monclova es precisamente ese: la falta de conocimiento sobre su propio patrimonio. El patrimonio histórico cultural no es únicamente arquitectura antigua. También es lo que se vive, lo que se transmite, lo que se siente. En Monclova, el patrimonio cultural inmaterial está presente en cada carne asada, en cada discada, en cada platillo de carne con chile que reúne a las familias. Está en el sabor del dulce de leche, en la tradición de la tortilla de harina, en los tacos de olla que forman parte de la vida cotidiana. Todo esto es cultura. Todo esto nos identifica. Y, sin embargo, pocas veces se reconoce con valor.También está presente en los oficios que han resistido el paso del tiempo. La talabartería Guajardo, representada por generaciones que han mantenido viva una tradición de más de 75 años, es un testimonio del trabajo artesanal que define parte de sus orígenes a la región. Es un conocimiento heredado, una técnica transmitida de generación en generación que hoy corre el riesgo de desaparecer si no se valora. Pero el patrimonio de Monclova no solo vive en sus tradiciones. También está en sus muros.En el escaso patrimonio arquitectónico histórico, o reducida herencia edificada de la ciudad que es reflejo de su origen. Templos como la iglesia de Santiago Apóstol San Francisco de Asís, iglesia la Ermita, sitios como el Polvorín, el Museo Coahuila y Texas, el Muro de la Purísima, el arco del primer panteón, entre otros, representan estructuras que no solo son edificios, sino testimonios materiales de una época. Son construcciones hechas con materiales propios de la región: adobe, carrizo, paja, mortero, piedra caliza, laja. Son técnicas que responden al clima, al suelo, a la sabiduría de quienes las construyeron, dejando estos en las construcciones más vulnerables como la arquitectura vernácula. Sin embargo, estas técnicas se están perdiendo. Estas construcciones están siendo poco valoradas y algunas olvidadas. Y con ellas, se pierde también una parte fundamental de nuestra identidad. Monclova ha intentado rescatar algunos espacios, como la Casa de Piedra que fue del prebendado Miguel Sánchez Navarro a espaldas de la Ermita, las ruinas del Molino Gil y Somellera a un costado del rio Monclova, puente progreso o las casitas de la Revolución en la Plaza Zapopan. Pero estos esfuerzos aún son insuficientes frente a la magnitud del abandono.

Cultura: El escaso reconocimiento amenaza con dejarlo fuera de la memoria colectiva local.
Cultura: El escaso reconocimiento amenaza con dejarlo fuera de la memoria colectiva local.

A esto se suma el patrimonio histórico intangible. Monclova fue relevante   de acontecimientos fundamentales en la historia de México. Monclova fue escenario de hechos y acontecimientos en la detención de Don Miguel Hidalgo, y estuvo encarcelado aquí en el museo Coahuila y Texas . Aquí se escribió parte importante del rumbo constitucional del país bajo el liderazgo de Venustiano Carranza. Aquí nació el Ejército del Norte. Aquí se consolidó una etapa clave de la historia nacional.Y, aun así, estos hechos no son plenamente conocidos ni difundidos por la ciudadanía. Pero hay algo aún más profundo: cada monumento, cada sitio histórico, cada espacio de la ciudad guarda historias que deben ser rescatadas. Historias que no solo están en los libros, sino en la memoria de la gente, en la vida cotidiana de quienes han habitado estos lugares. Los monumentos no son solo piedra, no son solo estructuras inmóviles. Son espacios vivos, habitados por ciudadanos que, a lo largo del tiempo, han dejado en ellos fragmentos de su vida. Historias dispersas que, al reunirse, construyen la memoria colectiva de Monclova.Es el ciudadano quien deposita el valor al monumento histórico. Es el ciudadano quien lo vive, quien lo siente, quien le da significado. Sin la gente, el monumento es solo materia; con la gente, se convierte en patrimonio vivo. Por eso, la importancia de que el ciudadano conozca su historia. Porque al conocerla, reconoce su identidad. Y al reconocer su identidad, desarrolla un sentido de pertenencia que lo impulsa a cuidar, proteger y defender su patrimonio.El patrimonio también es una fuente de inspiración. De él nacen poemas, pinturas, investigaciones, relatos, las mejores fotografías. Los artistas encuentran en el patrimonio un lenguaje, una voz que expresa lo que somos como sociedad. El patrimonio comunica, representa, y da sentido. Es por eso que su significado es eminente: porque refleja quiénes somos. Así, el patrimonio no solo conserva el pasado, también construye el presente y proyecta el futuro. Genera un contexto social en el que nos reconocemos como comunidad. Y en ese proceso, hay una verdad fundamentación: nosotros también somos patrimonio. Somos portadores de valores, de tradiciones, de historias que heredamos y que, a su vez, transmitimos. Somos el puente entre el pasado y el futuro. Por ello, heredamos no solo los bienes patrimoniales, sino también la responsabilidad de cuidarlos. La ciudad también guarda memoria en sus archivos antiguos: documentos históricos, fotografías antiguas, hemerotecas, colecciones que representan el registro más antiguo de la región centro. Estos acervos no solo son objetos del pasado, son herramientas para comprender quiénes somos y fuentes de investigación.En el ámbito artístico cultural, Monclova posee murales, pinturas, esculturas, danzas como los matachines, espacios culturales como el teatro del IMSS o la logia masónica que tiene su antigüedad. Cada uno de estos elementos construye una narrativa cultural que hoy permanece fragmentada y no está registrada.

Cultura: El escaso reconocimiento amenaza con dejarlo fuera de la memoria colectiva local.
Cultura: El escaso reconocimiento amenaza con dejarlo fuera de la memoria colectiva local.

 

Hay un patrimonio que ha marcado profundamente la identidad de Monclova, es su patrimonio industrial. Altos Hornos de México (AHMSA) no fue solo una empresa. Fue el corazón económico, social y cultural de la ciudad. Representó el crecimiento, el desarrollo urbano, la llegada de miles de familias, la consolidación de Monclova como la capital del acero. Su historia está ligada al esfuerzo, al trabajo y al orgullo de generaciones enteras. El patrimonio industrial tiene un valor excepcional, no solo por su infraestructura, sino por la memoria colectiva que representa de 84 años de vida en Monclova. La pausa de este patrimonio no es solo material. Es emocional. Es identitaria. Es, como lo señala la literatura española especializada, un posible” trauma social” (Revert,1984). Y, sin embargo, este tipo de patrimonio ha sido uno de los más olvidados y menos protegidos, en gran parte porque nunca fue debidamente registrado ni reconocido. Actualmente, en Monclova solo existen seis monumentos históricos registrados oficialmente ante el INAH. Seis. Una cifra que resulta alarmante frente a la enorme riqueza histórica que posee la ciudad. Entonces, surge una pregunta inevitable: ¿qué está pasando con Monclova con su historia patrimonial? La respuesta no es sencilla, pero hay un elemento clave: la falta de conciencia.

Nadie protege lo que no conoce. Nadie valora lo que no comprende. Y nadie defiende lo que no siente como propio. El desconocimiento genera indiferencia. La indiferencia genera abandono. Y el abandono conduce, inevitablemente, a la desaparición.No se ha logrado que la ciudadanía comprenda lo que tiene. No se ha promovido una educación patrimonial sólida. No se ha incentivado la participación social en la conservación del patrimonio, no se difunde la historia local en las escuelas como principio de identidad. Y, en muchos casos, las administraciones públicas no han concientizado la responsabilidad de registrar, proteger y difundir este legado. La Carta de Venecia nos recuerda que los monumentos históricos están “cargados de un mensaje espiritual”. Que continúan siendo en la vida presente el testimonio vivo en las tradiciones del pueblo. No son solo estructuras físicas, son portadores de significado, de memoria, de identidad.

Cultura: El escaso reconocimiento amenaza con dejarlo fuera de la memoria colectiva local.
Cultura: El escaso reconocimiento amenaza con dejarlo fuera de la memoria colectiva local.

Monclova está llena de ese mensaje, pero ese mensaje se está perdiendo. Hoy más que nunca, es urgente generar conciencia. Es urgente educar. Es urgente involucrar a la ciudadanía. Es urgente que el gobierno asuma su responsabilidad, pero también que la sociedad participe activamente. Monclova tiene todo para ser reconocida como una ciudad de gran valor histórico y turismo. Tiene historia, no inventada. Tiene identidad. Tiene memoria. Tiene patrimonio. Porque quizá la mayor tragedia no es perder el patrimonio, sino no saber, que núnca lo tuvimos.

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