No hay buenas formas de evitar el eccema infantil, pero sí muchas opciones de tratamiento

De acuerdo con las nuevas guías de la Academia Americana de Dermatología (AAD), los padres tienen muy pocas opciones realmente efectivas para prevenir que sus hijos desarrollen eccema.
La evidencia científica disponible no ha demostrado que estrategias frecuentes, como seguir dietas especiales, evitar los baños, fomentar la lactancia materna o administrar probióticos, reduzcan el riesgo de eccema —también llamado dermatitis atópica— en la infancia, según señalaron investigadores el 7 de abril en el Journal of the American Academy of Dermatology.
Aun así, las guías destacan que los niños que sí presentan eccema cuentan con múltiples tratamientos eficaces para aliviar la irritación y mejorar la piel.
Estas representan las primeras recomendaciones oficiales de la AAD enfocadas específicamente en el eccema pediátrico.
Como explicó el Dr. Murad Alam, presidente de la AAD, el eccema es muy frecuente en la niñez, aunque su apariencia y comportamiento no siempre son iguales a los observados en adultos.
También subrayó que, debido a que esta enfermedad puede afectar de forma importante la calidad de vida tanto de los niños como de sus familias, era necesario contar con lineamientos exclusivos para asegurar una mejor atención.
Se estima que el eccema afecta hasta al 25 % de los niños en todo el mundo. Esta enfermedad inflamatoria de la piel suele manifestarse con picazón, resequedad, sarpullido y zonas ásperas o elevadas.
Tras revisar la literatura médica existente, el panel elaborador concluyó que actualmente no existen métodos claramente eficaces para evitar que un niño desarrolle eccema.
Los humectantes fueron la única medida preventiva que recibió una recomendación condicional para disminuir la aparición del eccema en menores de entre 6 meses y 3 años.
Este tipo de recomendación indica que los beneficios potenciales y los posibles riesgos se encuentran muy equilibrados.
Por otro lado, los expertos encontraron evidencia insuficiente para respaldar otras estrategias preventivas, como dietas especiales, omitir baños, suplementos de vitamina D o probióticos, introducción temprana de alimentos, lactancia, ablandadores de agua o la reducción de alérgenos ambientales como los ácaros del polvo.
En contraste, sí se emitieron recomendaciones firmes respecto al tratamiento del eccema infantil.
Alam destacó que muchos casos pueden mejorar significativamente con un plan terapéutico adaptado a las necesidades del menor, y que iniciar el tratamiento desde etapas tempranas ayuda a evitar que la enfermedad empeore.
Entre las alternativas con respaldo científico se incluyen:
Hidratantes para aliviar la resequedad y la comezón. Cremas con corticosteroides tópicos, consideradas la primera línea durante los brotes. Inhibidores tópicos de calcineurina, como pimecrolimus y tacrolimus, útiles para controlar recaídas. Inhibidores de la fosfodiesterasa-4, como crisaborole y roflumilast, que ayudan a reducir la picazón y la frecuencia de los episodios. Inhibidores tópicos de JAK, como ruxolitinib y tapinarof, eficaces en eccema leve a moderado. Anticuerpos monoclonales como dupilumab, tralokinumab y lebrikizumab, dirigidos a casos moderados o graves. Inhibidores orales de JAK, como upadacitinib, abrocitinib y baricitinib, también útiles en formas moderadas a severas.
Las guías además ofrecen recomendaciones condicionales sobre medidas como el baño, la terapia con vendajes húmedos y la fototerapia como parte del manejo.
En cambio, desaconsejan de forma enfática el uso de esteroides por vía oral o inyectable, salvo en situaciones excepcionales de brotes intensos y repentinos.
Asimismo, sugieren evitar, salvo casos seleccionados, el uso de antimicrobianos tópicos y de la fototerapia PUVA, una modalidad que combina medicamentos con luz ultravioleta.
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