Nunca se es demasiado joven para un infarto: las muertes repuntan en menores de 55 años

Durante años, la cardiología se apoyó en una idea alentadora: los progresos en prevención y tratamiento estaban reduciendo de forma sostenida la amenaza del infarto, sobre todo en personas jóvenes. No obstante, un nuevo estudio difundido en Journal of the American Heart Association cuestiona esa percepción. Los resultados muestran que, en menores de 55 años, el peligro no solo continúa presente, sino que va en aumento.
La investigación examinó cerca de un millón de hospitalizaciones en Estados Unidos entre 2011 y 2022 y encontró un incremento absoluto del 1,2 % en la mortalidad intrahospitalaria después de un primer infarto grave en adultos de 18 a 54 años. Este dato rompe con la tendencia descendente observada desde comienzos del siglo XXI y pone atención en un grupo que con frecuencia no se percibe —ni es percibido por el sistema sanitario— como de alto riesgo.
El doctor Mohan Satish, investigador del hospital New York-Presbyterian Hospital y autor principal del estudio, advirtió que aunque suele asociarse el infarto con personas mayores, los hallazgos evidencian que los adultos jóvenes, especialmente las mujeres, enfrentan un riesgo significativo. Además, señaló que la reducción de mortalidad celebrada hasta 2010 benefició principalmente a pacientes de mayor edad, dejando rezagados a los más jóvenes.
Uno de los aspectos más preocupantes es la diferencia por sexo. Las mujeres de entre 18 y 54 años presentan mayor probabilidad de fallecer tras su primer infarto que los hombres del mismo rango etario. En casos de infarto con elevación del segmento ST (STEMI), considerado el más severo por el bloqueo total de una arteria, la mortalidad femenina alcanzó el 3,1 %, frente al 2,6 % en varones. Aunque los síntomas iniciales son comparables, el estudio detectó que las mujeres reciben menos intervenciones cardiovasculares diagnósticas y terapéuticas, lo que apunta a posibles desigualdades en la atención.
El análisis también reveló que el aumento de muertes no se explica únicamente por factores clásicos como hipertensión o colesterol elevado. En pacientes jóvenes, variables consideradas “no tradicionales” desempeñan un papel clave. El nivel socioeconómico bajo, la enfermedad renal y el consumo de drogas (excepto tabaco) mostraron una asociación más fuerte con la mortalidad que los factores habituales. De hecho, el 35 % de las mujeres que sufrieron un infarto grave pertenecían al grupo de ingresos más bajos.
Según Satish, mejorar los desenlaces clínicos en este grupo exigirá detectar el riesgo de manera más temprana, incorporando estos determinantes sociales y de salud. La evidencia sugiere que el contexto económico y ciertos patrones de vida están adelantando la aparición del infarto, lo que obliga a replantear y actualizar las estrategias de prevención.
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