Obesidad infantil: 12 recomendaciones de los especialistas para prevenir el sobrepeso

En Argentina, más del 40% de los niños y adolescentes tiene sobrepeso u obesidad, de acuerdo con la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS 2019). Se trata de los datos oficiales más recientes a nivel nacional, que indican que el 41,1% de los chicos de entre 5 y 17 años presenta exceso de peso, mientras que en menores de cinco años la cifra alcanza el 13,6%.
El informe ubica al país entre los de mayor prevalencia de obesidad infantil en América Latina. Además, la Federación Mundial de Obesidad advierte que, si no se revierte la tendencia, los casos podrían duplicarse hacia 2035, lo que representa un desafío crítico para la salud pública y las próximas generaciones.
La encuesta también revela hábitos alimentarios preocupantes: alto consumo de bebidas azucaradas, golosinas y snacks, junto con una baja ingesta de frutas y verduras. A esto se suma la fuerte exposición a la publicidad de productos ultraprocesados y entornos escolares donde predominan opciones poco saludables.
Causas y factores de riesgo
La obesidad infantil es, en la mayoría de los casos, el resultado de múltiples factores. La nutricionista pediátrica María Emilia Botello explicó que el 95% de los casos responde a causas genéticas y ambientales combinadas, mientras que solo un pequeño porcentaje se debe a trastornos endocrinos o síndromes específicos.
Existen factores predisponentes —como la carga genética, antecedentes familiares, condiciones durante el embarazo y el peso al nacer— así como elementos desencadenantes y perpetuantes vinculados al entorno y los hábitos adquiridos desde los primeros años de vida.
En la misma línea, la pediatra Romina Lambert, integrante del Comité de Nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría, remarcó que se trata de una enfermedad crónica y compleja, en la que los hábitos familiares cumplen un papel central. Los niños tienden a reproducir las conductas alimentarias que observan en el hogar, y esas prácticas tempranas suelen mantenerse en la adultez.
Las especialistas también subrayaron el peso de los factores sociales y económicos. En sectores vulnerables se observa una menor ingesta de frutas y verduras, mientras que el sedentarismo se ve favorecido por la falta de espacios seguros y el aumento del tiempo frente a pantallas.
Qué pueden hacer las familias
Las profesionales destacaron diversas estrategias para prevenir el exceso de peso desde el hogar. Entre ellas:
Dar el ejemplo con hábitos saludables coherentes.
Promover una alimentación variada que incluya frutas, verduras, legumbres, cereales, lácteos y carnes.
Explicar el valor nutricional de los alimentos sin etiquetarlos como “buenos” o “malos”.
Evitar usar la comida como premio o castigo.
Involucrar a los niños en la compra y preparación de los alimentos.
Fomentar la autorregulación, respetando las señales de hambre y saciedad.
Compartir comidas en familia, sin pantallas ni distracciones.
Ofrecer un entorno afectivo y libre de presiones en torno al peso.
Consultar a profesionales ante dudas, evitando dietas restrictivas sin supervisión.
Las especialistas también advirtieron sobre la importancia de prevenir trastornos alimentarios. En la infancia y adolescencia se construye la relación con la comida y el cuerpo; por eso recomiendan evitar la estigmatización, no imponer reglas rígidas y hablar del cuerpo desde su funcionalidad y salud, no desde la estética. El estigma asociado al peso puede afectar la autoestima y agravar conductas poco saludables.
El rol de la actividad física
El movimiento es un componente clave tanto en la prevención como en el tratamiento. La actividad física mejora la salud cardiovascular, muscular y ósea, además de favorecer el bienestar emocional y reducir síntomas de ansiedad y depresión.
Las recomendaciones varían según la edad:
Entre los 3 y 5 años se aconsejan al menos 180 minutos diarios de actividad física, con 60 minutos de intensidad vigorosa, y menos de una hora de pantallas.
Desde los 6 años, se sugieren 60 minutos diarios de actividad moderada a vigorosa, más ejercicios de fuerza tres veces por semana, limitando las pantallas a menos de dos horas al día.
Finalmente, las especialistas resaltaron que las actividades deben ser divertidas, accesibles y acordes a cada niño. Cuando existe obesidad, conviene iniciar con ejercicios de bajo impacto y bajo supervisión profesional. La clave está en que el niño disfrute el movimiento y pueda sostenerlo en el tiempo.
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