Paso a paso; esta es la forma correcta para medir tu presión arterial

Alrededor de los 40 años, el cuerpo masculino atraviesa un cambio biológico importante. La testosterona —hormona clave para la fuerza física, la energía y el equilibrio metabólico— empieza a descender de manera progresiva.
Reconocer sus señales no es solo una cuestión de rendimiento o apariencia, sino una estrategia para prevenir problemas crónicos y mantener una buena calidad de vida.
Disminución del deseo sexual
Una de las primeras manifestaciones suele ser la reducción persistente de la libido. Puede aparecer un menor interés por la actividad íntima que antes era habitual. Aunque el estrés influye, con frecuencia existe una disminución real de los andrógenos que regulan el impulso sexual.
Cansancio constante
Dormir lo suficiente pero sentir agotamiento durante el día es otro indicio frecuente. La testosterona contribuye a los niveles de energía; cuando baja, las tareas diarias pueden sentirse más demandantes y la motivación para hacer ejercicio disminuye.
Pérdida de masa muscular
Incluso manteniendo actividad física, algunos hombres notan que su musculatura pierde volumen y fuerza. Esta hormona es fundamental para la síntesis de proteínas y el mantenimiento del tejido muscular, por lo que su descenso dificulta conservar o ganar masa magra.
Mayor acumulación de grasa abdominal
La disminución hormonal suele asociarse con un aumento de grasa en la zona del abdomen. Además, el exceso de tejido adiposo puede favorecer la conversión de testosterona en estrógenos, generando un círculo que complica aún más el equilibrio metabólico.
Cambios en el estado de ánimo
Irritabilidad, desmotivación o sensación de tristeza sin causa clara pueden estar vinculadas con alteraciones hormonales. La testosterona influye en la química cerebral, por lo que su reducción puede impactar en el bienestar emocional.
Dificultades de concentración
Algunos hombres describen una especie de “niebla mental”, con menor agilidad para resolver problemas o mantener la atención. Esta hormona participa en funciones cognitivas como la memoria de trabajo y la claridad mental.
Fragilidad ósea
Aunque se suele asociar la osteoporosis con las mujeres, los hombres también pueden experimentar pérdida de densidad ósea cuando bajan sus niveles hormonales. Esto aumenta el riesgo de fracturas y suele detectarse solo tras estudios específicos.
Alteraciones del sueño
El déficit de testosterona puede afectar los ciclos de sueño, generando insomnio o despertares frecuentes. A su vez, dormir mal reduce aún más la producción hormonal, creando un círculo que impacta la salud general.
Cambios en el vello y la piel
Una menor densidad o crecimiento más lento del vello corporal, así como piel más seca o menos elástica, pueden ser señales externas de un descenso en los andrógenos.
Ante la presencia de varios de estos síntomas, lo recomendable es consultar con un profesional de la salud para realizar estudios adecuados y evaluar opciones de tratamiento o cambios en el estilo de vida.
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