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Pepe Tachas: escribir para la eternidad, no para vender

El cuentacuentos y escritor que defiende la literatura infantil como un acto de amor, memoria, juego y libertad creativa.

Entrevista: El cuentacuentos y escritor que defiende la literatura infantil como un acto de amor, memoria, juego y libertad creativa.
Penélope Cueto
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Saltillo, Coahuila, 29 de marzo de 2026.- En un mundo donde los libros suelen medirse por ventas, José Cruz Almonte Ayala —mejor conocido como Pepe Tachas— insiste en otro camino: escribir para permanecer en la memoria y no en los anaqueles comerciales. Subdirector de desarrollo cultural infantil y juvenil en la Secretaría de Cultura de Coahuila, Tachas ha construido una obra breve, intensa y profundamente ligada a la infancia, a la imaginación y a la palabra como juego. Su historia, sin embargo, comenzó en silencio, entre cuadernos escondidos.

 

¿Quién está detrás del escritor de cuentos infantiles Pepe Tachas?Pepe Tachas también es José Cruz Almonte Ayala. Nací en Durango. A los cinco o seis años ya inventaba relatos en mi cabeza y jugaba con las palabras. Mis historias provocaban dudas y decían: “Es bien mentiroso”, pero yo solo contaba lo que veía en mi imaginación.

Recuerdo que escribí una carta para el Día de las Madres que terminó siendo un cuento. La leyeron en un homenaje del 10 de mayo y eso me dio mucha pena. Ahora pienso que fue mi primera publicación. No sabía qué hacer con eso y entonces todo lo que escribía lo mantenía a escondidas.

 

¿Cuándo dejó de ocultar lo que escribía?En la adolescencia, un hermano descubrió mis cuadernos. Los llevó con un profesor amigo de la familia. El me contactó con los escritores de Durango. Les gustó lo que yo escribí y me dijeron que podía publicar libros, entonces tenía 16 ó 17 años.

 

¿Cómo llegó a Coahuila?Llegué en 1992 por el básquetbol. Mis hermanos eran muy buenos y yo seguí ese camino. Entré a estudiar Mercadotecnia, pero todos los días pasaba por la escuela de Letras. El director de letras no me aceptó el cambio a mitad de semestre, tuve que esperar el fin de cursos. Ingresé a Letras Españolas y ahí comenzó realmente mi formación literaria.

 

¿Cuándo publica su primer libro?En 1996, con el Instituto Coahuilense de Cultura. Era un libro de poemas titulado Pobres por omisión. Surgió de talleres literarios. Después publiqué Poemas rurales, que en realidad eran narraciones breves.

 

¿Cuándo inicia en la literatura infantil?En 2002 publiqué Cámara Mentirosa y Perro Pestañas recolector de dientes. Ese libro marcó un antes y un después. Decidí dedicarme a escribir para niños. Perro Pestañas es una especie de contraparte del ratón de los dientes.

 

¿Cuántos libros ha escrito?De autoría directa tengo entre diez y once. Algunos son institucionales y otros independientes. Además, hay libros derivados de talleres y otros en los que he trabajado como asesor editorial. Incluso he participado como escritor fantasma en algunos proyectos.

 

¿Cuál ha sido el libro más difícil de escribir?El que no he publicado. Siempre es el más difícil. Hay una historia que aún no logro terminar, se llama Finisterre. De los publicados, uno de leyendas me tomó muchos años porque recopilé historias de niños en distintas comunidades y luego las transformé.

 

¿Con cuál de sus libros se identifica más?Con El azul enmascarado. Durante mucho tiempo no podía leerlo sin quebrarme. Después entendí que ese personaje era yo. Fui un niño de hospital por un problema de salud. Ese libro tiene una carga personal muy fuerte.

 

¿Qué otros libros considera importantes en su obra?La princesa de las botellas surgió en el aula, a partir de ejercicios con estudiantes. También Nuestra propia Casa Usher, que es uno de mis trabajos más extensos y complejos, entre lo testimonial y lo fantástico.

¿Hay algún otro libro que le guste mucho?Sí, ahora al que le he dado muchas vueltas es Nuestra propia Casa Usher, que es técnicamente el texto más extenso que he publicado. Mi obra suele ser breve, pero con este libro he explorado distintas facetas. Es un texto entre lo testimonial, lo fantástico y lo de terror. Cada vez que lo releo descubro cosas nuevas. Además, representa uno de mis logros editoriales independientes más grandes.

¿Su cuento favorito?A título personal, acabo de escribir una versión de Caperucita Roja desde el punto de vista de la abuela, no de Caperucita, el lobo, la mamá ni el cazador. La abuela es la protagonista y, por cierto, es bruja. Surgió mientras daba un taller sobre cómo contar cuentos. Les propuse a los participantes contar la historia desde otro ángulo y, mientras escribía el ejemplo, me percaté de que ya había salido otro texto.

 

¿Dónde pueden encontrarlo sus lectores?Mi trabajo está en la Casa de la Cultura de Saltillo, en horario de oficina. Puedo asesorar a maestros o personas con proyectos literarios. También me encuentran en Instagram como @nuestra_propia_casa_usher, mi única red social, donde se puede contactar directamente.

¿Qué proyectos tiene?Este año enfoco los talleres en cuentacuentos, con la idea de formar una legión de niños que cuenten cuentos por todos lados. Además, tengo un libro en imprenta en Durango, Nico el rápido, en homenaje a mi abuelo, y trabajo en una novela de largo aliento ambientada en las sierras de Zapalinamé y Múzquiz.

¿Por qué escribe?Nunca me he visto como un producto comercial. Mis libros tienen valor, pero lo que importa es el amor y respeto por la infancia. Prefiero que mi obra trascienda con el tiempo y disfrutar del contacto directo con los niños.

¿Su libro favorito?El Quijote, sin duda. Me divertí mucho leyéndolo y sigue siendo mi libro de cabecera.

Pepe Tachas crea un puente entre la infancia y la imaginación, uniendo memoria, pedagogía y creatividad en cada taller y libro. Su obra no solo entretiene, sino que forma narradores y celebra el placer de contar historias.

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