Por qué el cerebro elige de forma automática cómo reacciona ante el miedo

Durante mucho tiempo, la cultura popular ha reducido las reacciones frente al peligro a dos etiquetas: valentía o cobardía.
Sin embargo, investigaciones recientes muestran que esta visión es demasiado simplista. Reaccionar huyendo o enfrentando una amenaza no depende de la voluntad ni del carácter, sino de mecanismos automáticos del cerebro que se activan sin intervención consciente.
Un estudio realizado en la Universidad de Tulane y difundido por National Geographic España reveló que las respuestas ante el miedo —como quedarse inmóvil, escapar o actuar de forma defensiva— están controladas por circuitos neuronales específicos. Es decir, no son decisiones racionales, sino respuestas biológicas programadas.
El equipo liderado por el científico Jonathan Fadok analizó cómo el cerebro elige la reacción más adecuada ante situaciones de peligro. A través de modelos animales, observaron que los sujetos podían alternar entre distintas conductas, como congelarse o huir rápidamente, dependiendo de cómo se activaban ciertas redes neuronales.
Uno de los hallazgos clave es que el miedo no desaparece simplemente al olvidar una experiencia traumática. En realidad, el cerebro ajusta qué circuitos neuronales toman el control en cada situación, modificando la forma en que se responde al peligro.
En este proceso, la amígdala central juega un papel fundamental como centro de control. Esta estructura evalúa en fracciones de segundo el nivel de amenaza y determina automáticamente si el cuerpo debe huir, quedarse quieto o prepararse para enfrentar el riesgo.
Además, se identificaron dos tipos de neuronas con funciones opuestas dentro de esta región. Las neuronas CRF activan respuestas intensas, como el pánico o la huida desesperada, mientras que las neuronas SOM favorecen reacciones más pasivas, como la inmovilidad o conductas cautelosas. El equilibrio entre ambas define cómo se manifiesta físicamente el miedo.
Al manipular estos circuitos en el laboratorio, los científicos comprobaron que era posible modificar las respuestas: al inhibir las neuronas CRF disminuía la huida, mientras que al potenciar las SOM aumentaba la inmovilidad.
Estos descubrimientos tienen implicaciones importantes para la salud mental, especialmente en trastornos como el estrés postraumático. Las diferentes formas en que se manifiesta este padecimiento podrían explicarse por alteraciones específicas en estos circuitos cerebrales.
En lugar de eliminar el miedo, el cerebro parece reorganizar la manera en que se expresa. Este enfoque abre nuevas posibilidades para desarrollar tratamientos que ayuden a regular mejor las respuestas emocionales ante situaciones de amenaza.
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