¿Por qué es más difícil bajar de peso a los 30? La ciencia te lo explica

Llegar a los 30 años, conocido popularmente como el “tercer piso”, implica mucho más que cumplir una nueva década: marca el comienzo de cambios fisiológicos profundos que modifican la manera en que funciona el cuerpo humano.
De acuerdo con estudios clínicos y expertos en medicina del deporte, a partir de esta etapa el organismo deja de centrarse en el crecimiento y pasa a priorizar el mantenimiento. Este cambio trae consigo ajustes en el metabolismo, la regeneración celular y la salud ósea, lo que hace necesario modificar los hábitos diarios para favorecer una vida larga y saludable.
Cambios metabólicos y hormonales
Una de las transformaciones más evidentes se produce en el metabolismo. A partir de los 30, el metabolismo basal empieza a disminuir de forma gradual. Se calcula que el cuerpo necesita entre un 2% y un 3% menos de calorías por cada década para cubrir sus funciones básicas.
Este proceso se ve influido también por variaciones hormonales. En los hombres, la testosterona comienza a reducirse lentamente, mientras que en las mujeres, aunque la menopausia aún no se presenta, pueden darse alteraciones en los niveles de estrógeno que favorecen la acumulación de grasa, especialmente en el abdomen y las caderas.
Pérdida muscular y salud de los huesos
Otro aspecto clave es el inicio de la sarcopenia, es decir, la disminución progresiva de la masa muscular. Sin ejercicios de fuerza, una persona adulta puede perder entre un 3% y un 5% de músculo cada diez años desde los 30. Esta reducción afecta no solo la fuerza y la apariencia física, sino también la capacidad del cuerpo para gastar energía en reposo, lo que facilita el aumento de peso.
Al mismo tiempo, la densidad ósea alcanza su punto máximo al final de la veintena. Al entrar en la treintena, la pérdida de hueso empieza a superar ligeramente su formación, lo que resalta la importancia de un adecuado consumo de calcio y vitamina D.
Envejecimiento celular y cuidado de la piel
En el plano de la piel, esta década marca una disminución en la producción de colágeno y elastina, proteínas esenciales para mantener la firmeza y elasticidad. La renovación celular se vuelve más lenta, lo que puede traducirse en un aspecto apagado y en la aparición de las primeras arrugas.
Además, el cuerpo pierde parte de su capacidad para recuperarse del estrés oxidativo y de la falta de descanso, por lo que los excesos y el mal dormir tienen efectos más notorios y prolongados que en los años previos.
Estrategias preventivas clave
Para afrontar estos cambios, los especialistas señalan tres pilares fundamentales: entrenamiento de fuerza para preservar la masa muscular, una alimentación equilibrada y rica en nutrientes con control de porciones, y una rutina de sueño adecuada.
Comprender que la recuperación ya no es tan rápida como antes permite hacer ajustes preventivos que pueden convertir los 30 en una etapa de gran vitalidad, rendimiento físico y bienestar general.
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