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Por qué las enfermedades cardiovasculares aún son la principal causa de muerte

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Cada año, millones de muertes en el mundo se producen por causas que en gran parte podrían evitarse. Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal amenaza para la salud pública, ya que concentran cerca de un tercio de los fallecimientos globales, según advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Este organismo subraya que estos trastornos afectan por igual a hombres y mujeres, sin distinguir edad ni país, y forman parte de las enfermedades no transmisibles (ENT), que surgen por la interacción de factores genéticos, fisiológicos, ambientales y conductuales.

A pesar de los avances en medicina, la magnitud del problema persiste. Uno de los principales retos es el control de los factores de riesgo modificables, que con frecuencia son ignorados o subestimados, aumentando la vulnerabilidad de la población.

El tabaquismo, el colesterol elevado, la hipertensión y la falta de control metabólico explican una gran proporción de los casos, según informes difundidos por The Washington Post. Para la OMS, la prevención y el diagnóstico temprano son herramientas clave para disminuir tanto la incidencia como la mortalidad asociadas.

De acuerdo con datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, aproximadamente uno de cada tres fallecimientos a nivel mundial está relacionado con problemas cardiovasculares. Solo en ese país, estas afecciones provocan cerca de 700.000 muertes anuales. Además, más del 75% de las muertes por enfermedades cardiovasculares ocurre en países de ingresos bajos y medios, según la OMS.

El peso de estas patologías se explica en parte porque impactan a ambos sexos y están estrechamente vinculadas a factores que pueden modificarse con intervenciones médicas y cambios en el estilo de vida. Entre los principales riesgos se encuentran fumar, tener colesterol alto y presentar presión arterial elevada, condiciones asociadas con infartos, accidentes cerebrovasculares y otros eventos graves.

Indicadores clave para la prevención

Uno de los marcadores más importantes es el colesterol no-HDL, que incluye las partículas lipídicas con potencial para obstruir las arterias. Mantener este valor bajo control puede mejorar significativamente el pronóstico cardiovascular.

Otro parámetro relevante es la hemoglobina A1C, que refleja el promedio de glucosa en sangre durante los últimos dos o tres meses. Este examen resulta esencial para personas con diabetes o con riesgo metabólico, ya que ayuda a prevenir complicaciones cardíacas.

Asimismo, el control de la presión arterial es fundamental. Las guías médicas recomiendan mantener cifras inferiores a 120/80 mmHg. Cuando los valores superan ese rango, se aconseja incorporar actividad física regular, reducir el consumo de sal, controlar el peso y manejar el estrés.

El tabaquismo sigue siendo uno de los factores más perjudiciales y prevenibles. Fumar multiplica entre dos y cuatro veces el riesgo de enfermedad cardíaca, y el uso de cigarrillos electrónicos también incrementa la probabilidad de sufrir un infarto. Dejar el tabaco es una de las medidas más efectivas para reducir la mortalidad cardiovascular.

La OMS enfatiza que la mayoría de estas enfermedades pueden prevenirse si se actúa sobre los factores ambientales y de comportamiento, como el consumo de tabaco, las dietas poco saludables (ricas en sal, azúcar y grasas), la obesidad, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol y la contaminación del aire.

Estrategias integrales

La prevención cardiovascular requiere un enfoque combinado que incluya controles médicos periódicos y cambios en los hábitos diarios. Detectar a tiempo alteraciones en el colesterol, la hemoglobina A1C y la presión arterial, junto con abandonar el tabaco, constituye una estrategia eficaz para reducir el riesgo.

Además de las acciones individuales, las políticas públicas orientadas a promover estilos de vida saludables y ampliar el acceso a servicios de salud desempeñan un papel decisivo. La colaboración entre pacientes, profesionales sanitarios y autoridades es esencial para enfrentar la principal causa de muerte en el mundo.

En definitiva, la vigilancia de indicadores como el colesterol no-HDL, la hemoglobina A1C y la presión arterial, sumada a la eliminación del tabaquismo y a la promoción de hábitos saludables, conforma una estrategia integral para disminuir el impacto de las enfermedades cardiovasculares, cuya carga sigue siendo una de las mayores a nivel global.

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