¿Por qué se nos pegan los acentos? un neurólogo explica la base científica del fenómeno

El ser humano adquiere el lenguaje gracias a ciertas estructuras cerebrales que hacen posible su aprendizaje.
Este proceso ocurre dentro del entorno familiar, pero también está influido por factores sociales, culturales e históricos. Por eso, cuando una persona se muda o convive con gente de otra región, puede empezar a adoptar su acento o algunas de sus expresiones.
El neurólogo Jordi Peña Casanova, del Instituto de Neurociencias del Centro Médico Teknon, explica que en los seres humanos existen características sociales y genéticas —similares a las que se observan en otros animales— que favorecen este fenómeno.
Uno de los factores más importantes es la empatía, que permite conectar con las emociones de otras personas. Esto significa que alguien puede sentir alegría al ver a otro alegre. A esto se suma la llamada teoría de la mente, que consiste en la capacidad de comprender lo que otra persona piensa o siente, incluso sin experimentar esas emociones directamente. Es decir, podemos reconocer que alguien está triste sin necesariamente sentir esa tristeza.
El especialista también señala que la socialización desempeña un papel clave. Las personas suelen adaptarse al modo de hablar de un grupo cuando desean integrarse a él. Por esa razón, quienes viven durante mucho tiempo en otro lugar pueden terminar adoptando palabras, entonación o rasgos del dialecto local.
Como ejemplo, el neurólogo menciona el caso de un antiguo estudiante que se mudó a México. Cuando volvió a encontrarse con él años después, notó que utilizaba muchas expresiones mexicanas e incluso había cambiado su entonación al hablar. Algo parecido puede ocurrir con una persona catalana que vive durante más de quince años en Andalucía y termina hablando con seseo y con acento andaluz.
Según el especialista, en estos casos influyen principalmente los contextos sociales y la motivación de integrarse. Las llamadas neuronas espejo solo forman parte de los mecanismos que pueden favorecer que los acentos se “contagien”. Además, algunas personas son más propensas que otras a adoptar nuevas formas de hablar, dependiendo de su entorno social y de sus propias motivaciones.
Cuando el cambio de acento puede indicar un problema
Sin embargo, el neurólogo advierte que un cambio brusco e inesperado en el acento también puede ser señal de un trastorno neurológico, especialmente si ocurre sin una razón clara.
Recuerda el caso de una mujer que ingresó a un hospital hablando con un marcado acento andaluz. Habitualmente era catalanohablante. Una enfermera la reconoció y explicó que siempre hablaba en catalán. Posteriormente se supo que la mujer había nacido en Andalucía y se trasladó a Cataluña cuando era pequeña, donde adoptó completamente el catalán y perdió el acento andaluz. No obstante, tras sufrir una lesión cerebral, perdió la capacidad de hablar catalán y reapareció su antiguo patrón de habla andaluza.
El especialista señala que este tipo de situaciones se parece a otros casos descritos en la literatura médica, en los que una persona desarrolla un acento extranjero previamente aprendido.
Entre los ejemplos documentados está el de un hablante checo cuya pronunciación empezó a parecer polaca después de haber tenido contacto con ese idioma. También se ha descrito el caso de una mujer inglesa con acento del Bronx que, tras un problema neurológico, comenzó a hablar con acento irlandés, lengua que había aprendido en su infancia por influencia de su madre.
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