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Precio de las casas rebasa poder de compra de los trabajadores

Tema del Día
Paola Sosa
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De acuerdo con un análisis de InfoHabitat, una persona necesita comprobar ingresos cercanos a 83 mil 500 pesos mensuales para obtener un crédito hipotecario que permita comprar una vivienda promedio.

El precio promedio de la vivienda en México superó por primera vez la barrera de los 2 millones de pesos durante el primer trimestre de 2026, una cifra histórica que refleja el crecimiento sostenido del mercado inmobiliario, pero que también evidencia la creciente dificultad que enfrentan millones de trabajadores para acceder a una casa propia.

De acuerdo con datos de la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), entre enero y marzo de este año el valor promedio de una vivienda en el país alcanzó los 2 millones 24 mil 337 pesos, lo que representó un incremento anual de 8.7 por ciento.

Créditos. Sin embargo, mientras los precios continúan aumentando, los salarios avanzan a un ritmo mucho menor. Un análisis de la consultora InfoHabitat estima que para adquirir una vivienda de ese valor mediante un crédito hipotecario a 20 años y con un Costo Anual Total (CAT) promedio de 13.92 por ciento, una persona debe comprobar ingresos mensuales cercanos a los 83 mil 500 pesos.

Salarios. Bajo este escenario, la mensualidad aproximada del financiamiento ascendería a 25 mil 100 pesos, cantidad que representa alrededor del 30 por ciento de los ingresos requeridos por las instituciones financieras para autorizar el crédito. La realidad salarial de Coahuila muestra una amplia distancia respecto a ese nivel de ingresos. En la Región Centro del estado, donde se ubican municipios como Monclova, Frontera, Castaños y San Buenaventura, el salario mínimo vigente durante 2026 es de 315.04 pesos diarios, equivalente a aproximadamente 9 mil 582 pesos mensuales.

Por su parte, los municipios de la Región Norte, entre ellos Piedras Negras, Acuña, Nava, Allende, Zaragoza, Guerrero e Hidalgo, forman parte de la Zona Libre de la Frontera Norte, donde el salario mínimo asciende a 440.87 pesos diarios, es decir, alrededor de 13 mil 410 pesos mensuales. En la Región Carbonífera, integrada por municipios como Sabinas, San Juan de Sabinas, Múzquiz, Progreso y Juárez, el salario mínimo corresponde al esquema general del país, con ingresos cercanos a los 9 mil 582 pesos mensuales.

La diferencia es contundente. Un trabajador que percibe el salario mínimo en la Región Centro gana apenas el 11.5 por ciento del ingreso necesario para comprar una vivienda promedio en México. En la Región Norte, pese a contar con uno de los salarios mínimos más altos del país, el ingreso representa únicamente el 16 por ciento del monto requerido. En términos prácticos, un trabajador de la Región Centro tendría que multiplicar su ingreso 8.7 veces para alcanzar los 83 mil 500 pesos mensuales que exigen los bancos, mientras que uno de la Región Norte necesitaría incrementar sus percepciones más de seis veces. Incluso para quienes cuentan con ingresos considerados medios dentro del mercado laboral coahuilense, la situación sigue siendo complicada.

Un trabajador que percibe 20 mil pesos mensuales apenas alcanza el 24 por ciento del ingreso requerido para acceder a una vivienda promedio. La brecha también se refleja en el tiempo que tomaría reunir el valor de una vivienda. Un trabajador con salario mínimo en la Región Centro tendría que destinar íntegramente más de 17 años de ingresos para acumular los 2 millones 24 mil pesos que cuesta una vivienda promedio, mientras que en la Región Norte necesitaría prácticamente 13 años de salario completo, sin gastar un solo peso en alimentación, transporte o cualquier otra necesidad.

Ingresos. La situación mejora ligeramente cuando se analiza el mercado de vivienda de interés social, aunque las cifras siguen mostrando importantes desafíos para los trabajadores de menores ingresos. En Coahuila, una vivienda de interés social puede encontrarse en rangos que van de los 550 mil a los 900 mil pesos, dependiendo del municipio, la ubicación y las características del inmueble. Tomando como referencia una vivienda de 700 mil pesos, el comprador requeriría un crédito aproximado de 630 mil pesos, considerando un enganche del 10 por ciento.

Bajo este escenario, la mensualidad de un financiamiento a 20 años podría ubicarse entre 6 mil 500 y 7 mil 500 pesos. Para un trabajador de la Región Centro o Carbonífera, donde el salario mínimo mensual ronda los 9 mil 582 pesos, el pago de la hipoteca absorbería entre el 68 y el 78 por ciento de sus ingresos. En la Región Norte, donde el salario mínimo es de 13 mil 410 pesos mensuales, la mensualidad representaría entre el 48 y el 56 por ciento de sus percepciones.

Las cifras muestran que incluso una vivienda de interés social continúa fuera del alcance de gran parte de los trabajadores que perciben salario mínimo. Mientras los especialistas financieros recomiendan que el pago de una hipoteca no exceda el 30 por ciento del ingreso familiar, miles de trabajadores tendrían que destinar más de la mitad de sus ingresos para acceder a una vivienda económica, limitando seriamente su capacidad para cubrir alimentación, transporte, educación, salud y servicios básicos.

A nivel nacional, la situación tampoco resulta alentadora. Según el análisis de InfoHabitat, apenas el 2 por ciento de los trabajadores formales registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), equivalente a alrededor de 490 mil personas, cuenta con ingresos suficientes para acceder a una vivienda promedio. Además, el 54.8 por ciento de la población ocupada trabaja en la informalidad, condición que dificulta la comprobación de ingresos y limita significativamente las posibilidades de obtener un crédito hipotecario. La estructura salarial del país confirma la magnitud del problema. El 69.6 por ciento de los trabajadores formales percibe hasta dos salarios mínimos y el 83.9 por ciento gana hasta tres salarios mínimos.

En contraste, la adquisición de una vivienda promedio exige ingresos cercanos a nueve salarios mínimos. Mientras tanto, los precios continúan aumentando impulsados por el encarecimiento de materiales de construcción, el incremento en el costo del suelo urbano y una demanda habitacional que sigue creciendo en diversas regiones del país.

Para Coahuila, particularmente en ciudades industriales y fronterizas donde existe una importante actividad económica, el desafío consiste en evitar que el acceso a una vivienda propia se convierta en un privilegio reservado para una minoría. Las cifras muestran que, mientras una casa promedio ya cuesta más de 2 millones de pesos, incluso una vivienda de interés social sigue representando un reto para miles de familias trabajadoras, ampliando cada vez más la distancia entre el ingreso de los hogares y el sueño de construir un patrimonio propio.

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