Qué le pasa al cuerpo cuando pospones la alarma del celular

El sonido del despertador rompe el silencio de la madrugada y marca el comienzo del día para millones de personas. En ese momento, muchas repiten casi automáticamente un gesto: presionar el botón de “posponer”. Aunque parece inofensivo, este hábito cotidiano podría tener efectos más profundos de lo que se imagina, según especialistas en sueño y salud cardiovascular.
Retrasar el momento de levantarse no solo interrumpe el descanso, sino que también puede activar respuestas fisiológicas relacionadas con el estrés desde los primeros minutos del día.
En entornos urbanos y laborales exigentes, usar repetidamente el “snooze” se ha normalizado como una forma de prolongar el sueño. Sin embargo, los médicos advierten que este comportamiento puede alterar los procesos naturales del cuerpo, afectando la presión arterial, la frecuencia cardíaca y los ritmos biológicos que regulan el funcionamiento del corazón.
Qué sucede en el cuerpo al sonar la alarma
Cada vez que suena la alarma, el cerebro recibe un estímulo abrupto que interrumpe el ciclo de sueño actual. Esto activa de inmediato el sistema nervioso simpático, encargado de las respuestas de alerta, elevando la presión arterial y acelerando el ritmo cardíaco.
Al posponer el despertador, el cuerpo intenta volver a dormir, pero solo por unos minutos antes de que la alarma suene nuevamente. Este ciclo de microdespertares fragmenta el descanso y puede repetirse varias veces en poco tiempo.
El radiólogo y profesor José Manuel Felices señala que cada repetición puede generar picos de presión arterial, ya que el organismo responde al estímulo como si fuera una amenaza, incluso cuando la persona permanece en la cama. Para el cuerpo, cada alarma representa un mensaje de activación que interrumpe la transición natural entre sueño y vigilia.
Fragmentación del sueño y ciclos incompletos
El sueño no es uniforme; durante la noche, se atraviesan fases como el sueño profundo y la fase REM, esenciales para la recuperación física, la consolidación de la memoria y la regulación emocional. Interrumpir estos ciclos impide que se completen correctamente.
Cuando se despierta repetidamente por el uso del “snooze”, el descanso profundo no se consolida. Aunque el tiempo total en la cama sea suficiente, la calidad del sueño se reduce, provocando cansancio persistente al despertar.
Especialistas en neurología del sueño destacan que estos microdespertares pueden afectar la arquitectura del descanso y alterar procesos metabólicos y hormonales clave. El cortisol, hormona relacionada con el estrés, es uno de los más afectados. Mantener niveles altos de cortisol desde temprano en la mañana influye directamente en la presión arterial y genera un estado de activación constante, perjudicial para la salud cardiovascular.
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