Qué pasa en el cuerpo cuando se cambia de una dieta baja en carbohidratos a una alta

Una investigación realizada en adultos que habían conseguido reducir su peso mediante una dieta muy baja en carbohidratos encontró diferencias en la respuesta del sistema inmunitario al modificar posteriormente su alimentación.
Los participantes que pasaron a una dieta con una elevada cantidad de carbohidratos provenientes de cereales refinados y almidones mostraron más señales de activación inmunitaria que quienes mantuvieron una alimentación muy baja en carbohidratos o quienes siguieron una dieta con una proporción elevada de azúcares añadidos.
Un aspecto importante es que las tres dietas proporcionaban la misma cantidad de calorías, por lo que las diferencias observadas estuvieron relacionadas principalmente con la composición y el origen de los carbohidratos.
El trabajo fue publicado en Cell Press Blue y fue difundido en redes sociales por el médico y divulgador Eric Topol.
¿Cómo se realizó el estudio?
La investigación fue desarrollada por científicos de NYU Langone Health a partir de un ensayo de alimentación controlada y aleatorizado.
Durante la primera etapa, los participantes siguieron una dieta muy baja en carbohidratos que además proporcionaba aproximadamente 40% menos energía de la que necesitaban, con el objetivo de provocar una reducción significativa de peso.
Después de alcanzar una pérdida cercana al 15% de su peso corporal, los participantes pasaron a una segunda fase que tuvo una duración de 10 semanas.
En esta etapa fueron distribuidos en tres grupos con diferentes patrones de consumo de carbohidratos.
Tres dietas con la misma cantidad de calorías
Uno de los grupos continuó con una alimentación muy baja en carbohidratos. Los otros dos recibieron dietas con una proporción elevada de estos nutrientes.
Las dos dietas altas en carbohidratos tenían la misma distribución de macronutrientes:
57% de carbohidratos25% de grasas18% de proteínas
La diferencia principal estaba en la fuente de los carbohidratos.
Una de las dietas obtenía aproximadamente 20% de la energía total a partir de almidones procedentes de cereales refinados. La otra proporcionaba una proporción equivalente mediante azúcares añadidos.
Esta diferencia permitió a los investigadores analizar si el origen de los carbohidratos podía estar relacionado con respuestas biológicas distintas, más allá de la cantidad total de calorías consumidas.
La alimentación rica en almidón refinado mostró mayores cambios inmunitarios
Los análisis realizados al finalizar el periodo de intervención incluyeron a 44 participantes.
Los investigadores observaron que quienes consumieron la dieta alta en almidón refinado presentaron mayores señales de activación del sistema inmunitario periférico.
Entre los cambios registrados estuvieron modificaciones en la proporción de células asesinas naturales, así como una mayor activación de monocitos, células T, células dendríticas y neutrófilos.
También se encontraron concentraciones más elevadas de adipsina, una proteína relacionada con el sistema del complemento, que participa en determinadas respuestas inmunitarias.
Los análisis moleculares mostraron además un aumento de la actividad de diferentes vías relacionadas con procesos inmunitarios y metabólicos en el grupo que consumió mayor cantidad de almidón refinado.
En contraste, el grupo que recibió una dieta alta en azúcares añadidos presentó una disminución de determinadas vías relacionadas con estas respuestas.
Los investigadores plantean una posible relación con los aumentos de glucosa después de comer
Una de las explicaciones propuestas por los autores está relacionada con la respuesta de la glucosa después de las comidas.
Los cereales refinados y otros alimentos ricos en almidón pueden producir aumentos rápidos de la glucosa en determinadas circunstancias, especialmente cuando contienen poca fibra y se consumen en grandes cantidades.
Los investigadores plantearon que estas elevaciones podrían influir en el sistema del complemento y en otras rutas relacionadas con la inflamación.
Para explorar esta posibilidad también realizaron experimentos en ratones. Los animales que recibieron maltodextrina derivada del almidón después de un periodo de ayuno presentaron una mayor actividad de determinadas respuestas inmunitarias.
Estos resultados experimentales respaldaron la hipótesis de que el sistema del complemento podría participar en parte de la respuesta observada frente a determinados carbohidratos refinados.
Sin embargo, se trata de una hipótesis basada en los resultados del estudio, por lo que no significa que consumir un alimento con almidón provoque automáticamente inflamación o enfermedad en todas las personas.
Que la dieta con azúcar mostrara menor activación no significa que sea más saludable
Un resultado que podría generar confusión es que el grupo que consumió la dieta alta en azúcares añadidos mostró algunas de las menores señales de activación inmunitaria entre los tres grupos.
Los investigadores advierten que este hallazgo no debe interpretarse como una evidencia de que consumir grandes cantidades de azúcar sea beneficioso.
Una posible explicación es que algunas de las vías inmunitarias analizadas estuvieran menos activas, lo que podría representar una modificación o supresión de determinadas respuestas defensivas y no necesariamente una mejoría de la salud.
Por ello, el resultado no debe utilizarse para recomendar una alimentación rica en azúcares añadidos.
El tamaño del estudio limita las conclusiones
Aunque los resultados son interesantes, existen varias razones para interpretarlos con cautela.
El ensayo comenzó con 54 adultos de entre 18 y 50 años con sobrepeso u obesidad, sin diabetes ni enfermedad cardiovascular. Sin embargo, los análisis inmunológicos finales correspondieron a 44 participantes.
Además, la segunda fase del estudio solamente duró 10 semanas, por lo que no permite determinar qué ocurriría después de mantener estos patrones alimentarios durante meses o años.
También es importante considerar que los participantes formaban parte de un entorno de alimentación controlada. En condiciones cotidianas existen muchas otras variables que pueden influir en la salud metabólica e inmunitaria, como la actividad física, el sueño, el consumo total de fibra, la calidad general de la dieta, el estrés y otros hábitos.
¿Qué significa realmente este hallazgo?
El estudio aporta evidencia de que no todos los carbohidratos parecen producir exactamente las mismas respuestas biológicas y que el origen de estos nutrientes podría ser relevante después de una pérdida importante de peso.
Sin embargo, los resultados no demuestran que todos los carbohidratos refinados provoquen inflamación ni que una dieta muy baja en carbohidratos sea necesariamente superior para todas las personas.
Tampoco justifican aumentar el consumo de azúcar añadido debido a que determinadas vías inmunitarias mostraran menor actividad en ese grupo.
Más bien, los hallazgos abren una línea de investigación sobre la relación entre la composición de la dieta, los cambios de peso, la glucosa después de las comidas y la regulación del sistema inmunitario. Se necesitan estudios más grandes y prolongados para determinar si estas modificaciones tienen consecuencias relevantes para la salud a largo plazo.
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