Queratosis actínica, la lesión precancerosa que enrojece el cuello de Trump

El estado de salud del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vuelve a generar inquietud. Ya no se trata únicamente de los hematomas visibles en sus manos, la inflamación en sus piernas o los episodios en los que parece quedarse adormilado durante actos oficiales.
En esta ocasión, la atención se centró en su piel: una fotografía dejó ver una zona rojiza con costras marrones que sobresalía por encima de la camisa, en el lado derecho del cuello. Desde la Casa Blanca reaccionaron rápidamente para frenar las especulaciones, aunque ofrecieron información limitada.
El médico presidencial, Sean Barbabella, explicó que el mandatario está utilizando una crema “muy común” como tratamiento preventivo cutáneo, prescrita por el equipo médico de la residencia oficial. Señaló que la aplica desde hace aproximadamente una semana y que el enrojecimiento visible desaparecería en el transcurso de varias semanas. No obstante, no detalló ni el fármaco específico ni la afección que motivó su uso.
Según la valoración de diversos dermatólogos consultados, la lesión correspondería probablemente a una queratosis actínica, una alteración precancerosa frecuente en personas de piel clara y en áreas expuestas de manera crónica al sol, como rostro, cuero cabelludo, manos o cuello. También es habitual en adultos mayores —Trump tiene 79 años— tras años de exposición solar acumulada.
Sin referirse al caso particular, la dermatóloga Carmen Carranza, del Hospital Clínico San Carlos, explicó que el presidente encaja en el perfil típico de paciente con daño solar crónico. A partir de cierta edad es común desarrollar lo que se conoce como “campo de cancerización”, es decir, zonas fotoexpuestas donde pueden coexistir múltiples lesiones precancerosas, visibles o microscópicas.
Estas lesiones, si no se tratan, pueden evolucionar hacia un carcinoma espinocelular, un tipo de cáncer de piel. El abordaje suele ser sencillo, aunque el proceso resulta llamativo desde el punto de vista estético. Consiste en aplicar cremas que provocan una reacción intensa: enrojecimiento, inflamación e incluso formación de costras durante varias semanas, similares a las observadas en la imagen del presidente. De hecho, cuanto más evidente es la reacción cutánea, mayor suele ser la indicación de que el tratamiento está actuando sobre células dañadas. Tras el proceso, emerge una piel renovada que requiere estricta protección solar.
En el ámbito preventivo del cáncer cutáneo, se emplean terapias tópicas como quimioterapias locales —por ejemplo, 5-fluorouracilo— o fármacos inmunomoduladores. Según Carranza, se trata de procedimientos habituales en dermatología que no necesariamente indican una enfermedad grave, sino que forman parte de estrategias preventivas en personas con daño solar acumulado.
El dermatólogo Antonio Clemente coincide en que, a partir de lo que se aprecia en la imagen, lo más probable es que se trate de una queratosis. No obstante, señala que estos mismos tratamientos también pueden utilizarse en casos de carcinoma basocelular superficial, otro cáncer cutáneo relacionado con la exposición prolongada al sol.
La irritación generada por estas terapias no es un efecto secundario indeseado, sino una respuesta buscada: activa el sistema inmunológico, favorece la regeneración de la piel y contribuye a eliminar células alteradas.
La fotografía que reavivó el debate sobre la salud de Donald Trump fue tomada el lunes pasado, durante una ceremonia de entrega de la Medalla de Honor, después de un fin de semana marcado por un ataque militar de Estados Unidos contra Irán.
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