Resistencia a los antimicrobianos: casi 10 millones de infecciones y más de 50 mil muertes

La resistencia a los antimicrobianos representa una amenaza creciente para la salud pública. Bacterias y hongos capaces de sobrevivir a los medicamentos dificultan el tratamiento de infecciones que antes podían controlarse con mayor facilidad.
Un nuevo informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) dimensiona el impacto de este problema y advierte que todavía se necesitan medidas más amplias para contenerlo.
De acuerdo con las estimaciones basadas en datos de 2023, estos microorganismos provocan aproximadamente 9.7 millones de infecciones y 50,800 muertes cada año en Estados Unidos. Las cifras superan las estimaciones difundidas en 2019 y reflejan la persistencia de infecciones para las que las opciones terapéuticas pueden ser limitadas.
Wendy Armstrong, especialista en enfermedades infecciosas y presidenta de la Sociedad Estadounidense de Enfermedades Infecciosas, señaló que la magnitud del problema se hace evidente en la práctica clínica, cuando los médicos reciben resultados de laboratorio que muestran que un microorganismo es resistente a prácticamente todos los medicamentos disponibles.
Una amenaza que continúa evolucionando
Los CDC publicaron su primer informe sobre los riesgos de la resistencia antimicrobiana en 2013. Seis años después, en 2019, presentaron una evaluación más amplia que identificó 18 microorganismos especialmente preocupantes. En ese momento, calcularon que causaban alrededor de 2.8 millones de infecciones y 35,000 fallecimientos anuales.
En 2024, la institución difundió una actualización centrada en microorganismos resistentes detectados con frecuencia en centros de atención médica. El informe más reciente representa la evaluación más completa desde 2019 y amplía la vigilancia de estos agentes.
Según los datos actuales, cerca de 40,000 fallecimientos se relacionan con infecciones adquiridas en hospitales. Además, estas infecciones generan un costo aproximado de 12 mil millones de dólares anuales en atención médica.
La clasificación de los CDC contempla 19 microorganismos de especial preocupación: cuatro considerados de riesgo urgente, 13 de riesgo grave y dos de interés. También incluye otros seis agentes bajo vigilancia. Entre las incorporaciones recientes se encuentra Neisseria meningitidis resistente a los medicamentos, clasificada como una amenaza grave.
Avances y nuevos focos de preocupación
El informe también identifica algunos resultados favorables. Las infecciones por Clostridioides difficile, una causa frecuente de diarrea asociada a la atención médica, comenzaron a disminuir desde 2019 y se han mantenido relativamente estables desde 2020. Debido a esta evolución, su clasificación pasó de riesgo urgente a grave, lo que sugiere que las medidas de prevención y control hospitalario han contribuido a contener parte del problema.
Sin embargo, otros microorganismos muestran una tendencia preocupante. Los casos de infección por Candidozyma auris —antes conocido como Candida auris—, aunque todavía son relativamente poco frecuentes, aumentaron aproximadamente diez veces desde 2019. Algunas cepas presentan resistencia a casi todos los antifúngicos disponibles, lo que complica considerablemente su tratamiento.
Otra preocupación es la propagación de genes que confieren resistencia a antibióticos fundamentales. Estos mecanismos pueden transferirse entre distintas bacterias, facilitando la aparición y expansión de microorganismos difíciles de combatir.
Armstrong describió situaciones clínicas en las que los resultados de sensibilidad antimicrobiana muestran resistencia a todos los fármacos evaluados, sin identificar una alternativa eficaz para tratar la infección. Estos casos ilustran las consecuencias que puede tener la pérdida progresiva de opciones terapéuticas.
El desafío de desarrollar nuevos tratamientos
Los investigadores trabajan en diferentes estrategias para enfrentar las infecciones resistentes. Entre ellas se encuentran el desarrollo de vacunas dirigidas contra enfermedades como la gonorrea, las infecciones por Shigella y las causadas por C. auris.
Sin embargo, las vacunas no sustituyen la necesidad de contar con antibióticos y antifúngicos eficaces. Los microorganismos continúan evolucionando y, por ello, se requiere una investigación constante para desarrollar nuevos medicamentos.
Uno de los obstáculos es que la creación de antimicrobianos suele ofrecer menos incentivos económicos que el desarrollo de otros fármacos. Además, estos medicamentos deben utilizarse de manera prudente para evitar que la resistencia se extienda rápidamente. Esta combinación de costos elevados, uso limitado y retornos comerciales reducidos ha llevado a algunas compañías farmacéuticas a abandonar el desarrollo de nuevos tratamientos.
Para modificar esta situación, distintos países y organizaciones proponen mecanismos de financiamiento que incentiven la investigación. Una de las alternativas es el modelo de suscripción, mediante el cual los gobiernos pagan una cantidad fija a las compañías por disponer de determinados medicamentos, independientemente de cuántas veces se utilicen.
En Estados Unidos, esta estrategia forma parte de las propuestas vinculadas con el proyecto de ley Pasteur, que busca estimular la creación de antimicrobianos innovadores, especialmente aquellos necesarios para combatir microorganismos resistentes. Armstrong considera que este modelo podría favorecer la inversión en tratamientos prioritarios para la salud pública.
¿Qué consecuencias podría tener a largo plazo?
Un informe del gobierno británico publicado en 2014 estimó que, si no se toman medidas suficientes, las infecciones resistentes a los medicamentos podrían causar hasta 10 millones de muertes anuales en todo el mundo para 2050. Se trata de una proyección, no de una cifra confirmada, pero permite dimensionar el impacto potencial del problema.
La resistencia antimicrobiana también podría comprometer procedimientos médicos que actualmente dependen de la disponibilidad de medicamentos eficaces. Las cirugías, los tratamientos contra el cáncer y la atención durante el embarazo, entre otros servicios, requieren prevenir o tratar infecciones que pueden surgir durante la atención médica.
Por ello, conservar la eficacia de los antibióticos y antifúngicos es fundamental. La vigilancia epidemiológica, la prevención de infecciones, el uso adecuado de los medicamentos y la inversión en nuevos tratamientos son medidas esenciales para reducir el impacto de esta amenaza.
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