Sangrado después de la menopausia: cuándo es normal y cuándo puede ser una señal de alerta

La menopausia señala el cierre definitivo de la etapa reproductiva en la mujer y se caracteriza por la desaparición permanente de la menstruación.
La aparición de sangrado vaginal después de este período constituye una señal de advertencia que nunca debe pasarse por alto. Aunque en muchos casos se relaciona con causas benignas, también puede ser indicio de afecciones que requieren evaluación médica inmediata.
Entre las enfermedades que obligan a una consulta precoz se encuentra el cáncer de endometrio, cuya detección temprana mejora de manera significativa los resultados del tratamiento. Por este motivo, cualquier episodio de sangrado tras la menopausia debe ser evaluado por un profesional de la salud.
Causas más frecuentes del sangrado posmenopáusico
Una de las razones más comunes es el adelgazamiento y la pérdida de elasticidad de los tejidos del útero, la vagina y la vulva. Esta alteración, conocida como síndrome genitourinario de la menopausia o atrofia vaginal, vuelve los tejidos más frágiles y propensos a sangrar, especialmente después de las relaciones sexuales.
También existen causas no malignas como los pólipos uterinos, que se desarrollan en el revestimiento interno del útero y suelen estar vinculados a desequilibrios hormonales. Los fibromas uterinos pueden provocar sangrado, aunque generalmente disminuyen de tamaño o desaparecen tras la menopausia; sin embargo, en algunos casos persisten y generan este síntoma.
La terapia hormonal con estrógenos utilizada para aliviar los síntomas de la menopausia puede provocar episodios de sangrado. Si este aparece de forma persistente, reciente o inesperada durante el tratamiento, es indispensable consultar al médico.
Entre otros factores menos frecuentes se incluyen las infecciones del endometrio y los traumatismos. Además, resulta fundamental confirmar que el sangrado procede efectivamente de la vagina y no de otras fuentes, como el recto o la vejiga.
Cáncer y otras causas de mayor gravedad
De acuerdo con Mayo Clinic, una de las causas más preocupantes del sangrado posmenopáusico es el cáncer de endometrio, responsable de entre el cinco y el diez por ciento de los casos. Otros cánceres ginecológicos, como el de cuello uterino o el vaginal, también pueden manifestarse con sangrado, aunque son menos habituales.
Para identificar el origen del sangrado, el abordaje médico suele comenzar con un examen pélvico. Posteriormente, pueden indicarse estudios como la prueba de Papanicolaou para descartar cáncer de cuello uterino y una ecografía pélvica, que permite evaluar el grosor del endometrio.
Si existen hallazgos sospechosos, se recurre a una biopsia endometrial, procedimiento mediante el cual se obtiene una muestra de tejido del útero a través de un catéter introducido por el cuello uterino. En función de los resultados, pueden realizarse otros estudios como la histeroscopia —que permite observar el interior del útero con una cámara— o la dilatación y legrado, técnica utilizada para extraer tejido y analizarlo.
Tratamiento y recomendaciones médicas
El tratamiento depende directamente de la causa detectada. En casos de sequedad y adelgazamiento vaginal, Mayo Clinic recomienda el uso de estrógenos vaginales en forma de cremas o tabletas, ya que presentan menos riesgos que la terapia hormonal sistémica.
Si se diagnostican lesiones malignas o alteraciones de alto riesgo, puede ser necesario extirpar el tejido afectado o realizar una histerectomía. En ocasiones, los estudios no logran identificar una causa concreta; sin embargo, si el sangrado persiste, se aconseja una nueva evaluación médica.
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