Vivir más también implica prepararse para envejecer

El aumento de la esperanza de vida ha obligado a replantear cómo las sociedades entienden la jubilación, los cuidados y la participación de las personas mayores.
En el marco del Día Internacional de las Personas de Edad, que se conmemora cada 1 de octubre, el médico Diego Bernardini, especialista en medicina y profesor universitario, plantea que la longevidad no debería medirse únicamente por el número de años vividos, sino también por la posibilidad de conservar la autonomía, los vínculos sociales, la actividad y la capacidad de tomar decisiones.
“Queremos vivir mucho tiempo, pero también queremos vivirlos bien”, expresó el especialista.
¿La jubilación debería significar dejar de ser activo?
Uno de los debates que plantea el aumento de la expectativa de vida es la relación entre trabajo y retiro laboral.
Bernardini considera que la jubilación debe entenderse como un derecho, pero no necesariamente como el final de toda actividad. Algunas personas pueden querer continuar trabajando, emprender nuevos proyectos o participar en actividades sociales después de retirarse, mientras que otras pueden necesitar abandonar el mercado laboral debido a problemas de salud o a las exigencias físicas de su profesión.
Para algunas personas, especialmente cuando la identidad personal está fuertemente ligada al trabajo, una salida abrupta de la actividad laboral puede representar un cambio importante en su bienestar emocional y social. Por ello, el especialista plantea que la transición hacia la jubilación debería contar con mayor preparación.
En empresas familiares y pequeñas y medianas empresas, también puede existir la posibilidad de delegar responsabilidades gradualmente, permitiendo que los fundadores transmitan experiencia y conocimientos sin perder completamente su participación.
Las personas mayores deben formar parte de las decisiones
Otro aspecto fundamental es la participación de las personas mayores en las políticas y decisiones que afectan directamente su vida.
Bernardini sostiene que las medidas destinadas a este grupo deben desarrollarse con las personas mayores y no únicamente para ellas. Ignorar sus preferencias puede favorecer procesos de infantilización y limitar su autonomía.
Esto se relaciona con el edadismo, término utilizado para describir los prejuicios, estereotipos y formas de discriminación relacionadas con la edad.
Estas actitudes pueden manifestarse en distintos ámbitos, como el empleo, la participación social, los medios de comunicación y la representación pública.
Envejecer implica atravesar diferentes transiciones
El especialista utiliza el concepto de liminalidad para describir los períodos de transición entre diferentes etapas de la vida.
Algunas transformaciones, como comenzar la escuela o terminar la educación secundaria, cuentan con estructuras sociales que ayudan a prepararse para el cambio. En contraste, otras etapas importantes pueden llegar sin una preparación equivalente.
Entre ellas se encuentran la jubilación, los cambios físicos asociados al envejecimiento y la menopausia.
Estas experiencias no necesariamente representan una pérdida de productividad, atractivo o valor social, aunque algunos estereotipos culturales todavía las presentan de esa manera.
La menopausia también requiere una conversación más amplia
La menopausia es una transición biológica que puede producir síntomas importantes en algunas mujeres, mientras que otras pueden experimentarla de manera diferente.
Por ello, Bernardini cuestiona que se considere exclusivamente desde una perspectiva médica y propone incorporar también sus dimensiones sociales, culturales y personales.
En Argentina, donde la esperanza de vida femenina ronda los 80 años, una mujer puede pasar una parte considerable de su vida después de la menopausia, lo que hace relevante hablar de esta etapa más allá de sus síntomas.
La longevidad no depende únicamente de decisiones individuales
Otro punto señalado por el especialista es la creciente comercialización de la llamada “longevidad” a través de suplementos, productos, programas y contenidos en redes sociales.
El envejecimiento saludable no puede reducirse a una cápsula, una dieta o un producto determinado. La mayor esperanza de vida también ha sido posible gracias a avances colectivos como el saneamiento, las vacunas, los antibióticos y el desarrollo de los sistemas de salud.
Por ello, hablar de longevidad requiere considerar tanto los hábitos individuales como las condiciones sociales, económicas y sanitarias en las que viven las personas.
El objetivo: conservar la independencia durante más tiempo
La mayoría de las personas mayores continúa viviendo en su comunidad y mantiene un grado importante de autonomía, incluso cuando utiliza medicamentos, bastón u otras ayudas para desplazarse.
Desde esta perspectiva, uno de los objetivos del envejecimiento saludable es retrasar la aparición de fragilidad y dependencia, favoreciendo la conservación de las capacidades físicas y cognitivas.
La actividad física, mantener un peso saludable, conservar los vínculos sociales, estimular las capacidades cognitivas y dormir adecuadamente son algunos de los factores que pueden contribuir a preservar la funcionalidad.
En definitiva, una vida más larga plantea un desafío que va más allá de aumentar los años: se trata de crear las condiciones para que las personas puedan mantener su autonomía, participar en la sociedad y conservar una buena calidad de vida durante el mayor tiempo posible.
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