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Ansiedad, sus efectos en el cuerpo y estrategias para controlarlos

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Cada persona experimenta el estrés y la ansiedad de manera distinta. Por eso, estrategias que ayudan a alguien —como salir a caminar, practicar yoga o tomar ciertos suplementos— no siempre producen el mismo efecto en otras personas.

Esto se debe a que el organismo procesa la ansiedad de formas diferentes. En algunos casos, el estrés se refleja en molestias digestivas; en otros, puede provocar insomnio, pensamientos repetitivos, presión en el pecho o incluso mayor susceptibilidad a enfermedades. Por esta razón, lo que funciona para unos no necesariamente funciona para todos.

¿Qué es realmente la ansiedad?

La psicóloga Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA), explica que la ansiedad no debe verse como debilidad ni como una señal de locura. Se trata de un sistema de alerta del organismo que, cuando se desregula, necesita comprensión y tratamiento.

La ansiedad es una reacción natural ante la percepción de peligro o amenaza. Esa amenaza no siempre tiene que ser real; a veces surge de pensamientos negativos automáticos que activan una respuesta intensa del organismo.

De hecho, en condiciones normales, la ansiedad cumple una función protectora. Por ejemplo, permite reaccionar rápidamente ante una situación peligrosa. El problema aparece cuando se activa sin un riesgo real, se vuelve desproporcionada o persiste durante mucho tiempo, interfiriendo con la vida cotidiana.

Principales tipos de trastornos de ansiedad

Según la American Psychological Association, existen varios trastornos relacionados con la ansiedad:

Trastorno de ansiedad generalizada: preocupación constante por distintos aspectos de la vida, acompañada de tensión, nerviosismo o problemas para dormir.

Trastorno de pánico: episodios repentinos de miedo intenso con síntomas físicos como sudoración, palpitaciones o dificultad para respirar.

Fobias: miedos intensos e irracionales hacia objetos o situaciones específicas.

Trastorno de ansiedad social: temor a situaciones sociales o al juicio de otras personas.

Trastorno obsesivo-compulsivo: presencia de pensamientos recurrentes acompañados de conductas repetitivas.

Trastorno de estrés postraumático: surge tras experiencias traumáticas y se manifiesta con recuerdos intrusivos, pesadillas y alerta constante.

Factores que pueden desencadenarla

Diversos elementos pueden activar o intensificar la ansiedad. Entre los más frecuentes se encuentran:

Estrés prolongado

Incertidumbre o situaciones difíciles de controlar

Conflictos emocionales no resueltos

Cambios importantes en la vida, como duelos, separaciones o enfermedades

También existe una predisposición genética. Si familiares cercanos han tenido ansiedad o rasgos de temor excesivo, el riesgo puede aumentar. Otros factores que influyen son el consumo de estimulantes y cambios hormonales, como los que ocurren en la menopausia o en trastornos de la tiroides.

El “órgano blanco” de la ansiedad

La ansiedad puede manifestarse de distintas maneras porque activa el sistema nervioso autónomo. Cada persona tiende a expresarla en un órgano o sistema específico del cuerpo, lo que algunos especialistas llaman “órgano blanco”.

Por ejemplo, algunas personas experimentan:

problemas digestivos, náuseas o diarrea

tensión muscular o contracturas

dolor en el pecho o palpitaciones

mareos o sensación de irrealidad

sudoración excesiva

alteraciones hormonales o del ciclo menstrual

Además de los síntomas físicos, la ansiedad también afecta el pensamiento y las emociones, generando anticipación negativa, irritabilidad, miedo o sensación de pérdida de control.

Nueve formas en que puede presentarse la ansiedad

La psicóloga clínica Nicole Cain, autora del libro Panic Proof, describe nueve formas en las que la ansiedad puede manifestarse:

Ansiedad digestiva: molestias gastrointestinales como reflujo, náuseas o hinchazón, relacionadas con el eje intestino-cerebro.

Ansiedad del pensamiento: preocupación excesiva, pensamientos intrusivos o dificultad para concentrarse.

Ansiedad depresiva: combinación de preocupación constante con tristeza o falta de energía.

Ansiedad en el pecho: opresión torácica, palpitaciones o sensación de falta de aire sin causa cardíaca.

Ansiedad del sistema nervioso: síntomas como hormigueo, mareos, rigidez muscular o confusión mental.

Ansiedad furiosa: mezcla de ansiedad y enojo, con tensión corporal y liberación de adrenalina.

Ansiedad hormonal: relacionada con desequilibrios endocrinos que alteran el estado de ánimo y el sueño.

Ansiedad traumática: aparece tras experiencias adversas y provoca hipervigilancia o recuerdos intrusivos.

Ansiedad inmunológica: vinculada con inflamación crónica y alteraciones del sistema inmunitario.

Cómo manejar la ansiedad

Los especialistas coinciden en que la ansiedad no puede eliminarse por completo porque forma parte de los mecanismos naturales de protección del organismo. Sin embargo, sí puede regularse y controlarse.

Entre las estrategias más utilizadas se encuentra la terapia cognitivo conductual, que ayuda a identificar y modificar patrones de pensamiento negativos. También se recomiendan hábitos como:

ejercicios de respiración y relajación

actividad física regular

mejorar la calidad del sueño

reducir el consumo de estimulantes

aprender a reconocer pensamientos automáticos

En casos más intensos o cuando aparecen ataques de pánico, el tratamiento puede incluir apoyo farmacológico combinado con terapia psicológica.

En definitiva, comprender el tipo de ansiedad que experimenta cada persona permite diseñar estrategias más adecuadas para recuperar el equilibrio emocional y mejorar la calidad de vida. 🧠✨

 

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