Caminar y hacer las tareas domésticas pueden ser una terapia que salva vidas para personas

Caminar o hacer labores sencillas en casa podría marcar la diferencia entre la vida y la muerte en personas con síndrome metabólico, de acuerdo con una investigación reciente.
El estudio halló que incrementar en una hora diaria la actividad física ligera se relaciona con una reducción del riesgo de fallecimiento de entre 14% y 20% en personas con síndrome cardiovascular-renal-metabólico (CKM), según reportaron los autores en el Journal of the American Heart Association.
“La actividad física ligera es una estrategia terapéutica subestimada que puede contribuir de manera importante a mejorar la salud del corazón en quienes viven con síndrome CKM”, señaló Joseph Sartini, autor principal del estudio y doctorando en bioestadística en la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore.
Sartini añadió que, para las personas en fases avanzadas del síndrome CKM, los beneficios potenciales de este tipo de actividad son especialmente relevantes, de acuerdo con un comunicado de prensa.
Se estima que casi el 90% de los adultos en Estados Unidos presenta al menos uno de los componentes del síndrome CKM, entre los que se incluyen presión arterial alta, alteraciones del colesterol, niveles elevados de glucosa en sangre, sobrepeso y disminución de la función renal.
Cuando estos factores se combinan, el riesgo de sufrir un infarto, un accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca es mayor que el que representa cualquiera de ellos por separado, explicaron los investigadores como contexto del estudio.
Aunque la actividad física suele recomendarse a personas con problemas cardíacos o metabólicos, realizar ejercicio de mayor intensidad no siempre es posible en quienes padecen síndrome CKM en etapas avanzadas, apuntaron los autores.
“Existe evidencia creciente de que actividades más suaves, como caminar o hacer jardinería, pueden ser beneficiosas para la salud cardiovascular. Sin embargo, pocos estudios han evaluado los efectos a largo plazo en personas con enfermedades cardíacas o con alto riesgo de desarrollarlas”, explicó Michael Fang, investigador senior y profesor adjunto de epidemiología en la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins.
Para este análisis, los investigadores revisaron datos de aproximadamente 7,200 adultos estadounidenses recopilados entre 2003 y 2006 como parte de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANES).
Esta encuesta, realizada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, recoge información de exámenes físicos, análisis de sangre y registra hasta siete días de actividad mediante dispositivos portátiles.
Con estos datos, el equipo comparó los niveles de actividad física ligera de los participantes con su estado general de salud, considerando los factores de riesgo asociados al síndrome CKM.
“La actividad física ligera es aquella que se puede realizar sin quedarse sin aliento”, explicó Sartini. “Algunos ejemplos comunes son el yoga, caminar de manera relajada, estirarse o hacer tareas del hogar”.
El síndrome CKM se clasifica en etapas del 0 al 4, de la siguiente manera:
La etapa 0 corresponde a personas sin problemas de salud ni factores de riesgo; la etapa 1 incluye a quienes tienen sobrepeso o prediabetes.
En la etapa 2 se encuentran las personas con varios componentes del síndrome CKM y enfermedad renal con riesgo moderado a alto.
La etapa 3 agrupa a pacientes con enfermedad renal de muy alto riesgo, alto riesgo de enfermedad cardíaca o accidente cerebrovascular, u otros indicios de daño cardíaco.
Finalmente, la etapa 4 incluye a quienes presentan múltiples factores de riesgo CKM, enfermedad arterial periférica, enfermedad renal crónica y antecedentes de infarto, ictus o alteraciones del ritmo cardíaco.
Los resultados mostraron que la actividad física ligera se asoció de forma significativa con una menor probabilidad de muerte en las etapas 2, 3 y 4 del síndrome CKM.
Además, cuanto mayor era el tiempo dedicado a este tipo de actividad, mayores eran los beneficios, especialmente en personas con estadios más avanzados del síndrome.
Por ejemplo, aumentar la actividad diaria de 90 minutos a dos horas —es decir, solo 30 minutos adicionales— se vinculó con una reducción del riesgo de muerte del 2.2% en pacientes en etapa 2, mientras que en aquellos en etapa 4 la disminución fue del 4.2%, según los datos del estudio.
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