Cinco minutos con Pilar...¡ALTO EN NOMBRE DELA LEY!

La construcción es, en su origen, una de las siete ermitas que Hernán Cortés mandó a construir alrededor de Tenochtitlán, aproximadamenteen el año 1521, después de la conquista. De esas siete, la Capilla del Señor de la Humildad es la única que semantiene en pie.La fachada cuenta con una inscripción en latín quedice: “In hoc signo vinces”, que significa: “Bajo este signo vencerás”.
La reportera Daniela Ortíz hizo la entrevista al sacerdote que resguarda esta capilla y quien comentó:
“Anteriormente se le conocía como ‘la Capilla delos Ladrones’… Venían a pedir protección para hacersus fechorías, y pues no, así no funciona”, y soltó unarisa el religioso Flavio, quien detalló que actualmente la Capilla del Señor de la Humildad tiene un nuevo significado para su comunidad.
¿Qué es ser carterista?
Buscando su definición es:“Aquel delincuente especializado en el robo de carterasde bolsillo y otros objetos que se suelen portar en bolsillos o bolsos, sin violencia y con la habilidad necesariapara evitar que su acto sea detectado en los momentosinmediatos al hecho”.
¿Alguien de ustedes ha sido víctima de algún carterista?En mi caso, por ejemplo, no fue en la iglesia; fue en la dulcería de un cine de nuestra querida capital mexicana. Pedí palomitas grandes, refresco y unos dulces.
Al momento de pagar, busco en mi bolsa tipo morral (sin cierre) y ya no estaba mi cartera.Lo que más me dolió, además de regresar mi pedido, fuemi licencia de manejo, en cuya fotografía había salidocomo artista. Ya ven que no es común que, en documentos oficiales, uno salga guapo, guapa, guape… jajajá.Recordé la canción de la cantante de ascendencia maya-libanesa, “Astrid Hadad”, que habla de una mujer que era tan mala como foto de licencia…En otro momento, en un viaje de familia por la ciudad de Roma, admirando la “Fontana di Trevi”, a mi hija larodeó un grupo de niñas rumanas y, en un abrir y cerrarde ojos, le sacaron su celular de la mochila.
¡Oh, tragedia! Ma. Alejandra lloraba por las fotos que había logrado tomar dentro de la Capilla Sixtina. A pesarde estar prohibido, se había dado la habilidad.A otros compañeros de viaje, por cierto del estado dePuebla, les robaron sus carteras en pleno “Turibus”, en la misma “Città di Roma”. Ni cuenta se dieron… hastallegar a su hotel.Ser carterista es un arte; es como robar los calcetines sin quitar los zapatos y sin violencia.
Es una de las profesiones más antiguas del mundo… vaya usted a creer,“carterista de profesión”.Todo esto es inaceptable. La denuncia es importante,porque cuando lo normalizamos ya no se trata de robode carteras: se va transformando en robos de otro tipode riquezas, como la de los recursos naturales o territorios completos, y lo peor, ¡hasta en nombre de Dios! Por eso es mejor poner un alto, no ser indiferentes y actuar en nombre de la justicia, como nuestra amiga Florecita, que gritó a tiempo: ¡Alto en nombre de la ley!
¡ALTO EN NOMBRE DE LA LEY!… Así gritó Florecita, amiga demi madre, a unos muchachos que amagaban al conductor deun automóvil. Imaginen la escena: Ciudad de México, coloniapopular, a unas cuadras de la Basílica de Guadalupe.Florecita lo vio todo. Ella, de 1.80 de altura, mujer madura, cabellorubio con canas, peinada de chongo, lentes grandes de aumento, suéter largo color beige, blusa blanca, pañoleta roja al cuello,pantalón azul marino; podía pasar como abogada. Lo único es quetenía la voz muy aguda, pero era una mujer muy justa.
Esa mañana, iba conduciendo detrás de un automóvil sedán rojo.El caballero que iba al volante manejaba con prudencia, inclusoiba a velocidad lenta. En eso, un niño se le atravesó; afortunadamente, el caballero logró frenar a tiempo, pero el niño se tiró alpiso y gritaba desesperadamente (como sobreactuando).
El conductor no podía creer lo que pasaba. Se bajó de su auto,levantó al niño: ¡ni un rasguño! Pero los vecinos salieron a someteral pobre joven. Salían señoras rogando a Dios justicia. Florecita nopodía ser indiferente ante la escena.—¡Señoras, a Dios no lo incluyan en este incidente, esto escuestión de la ley! ¡Al caballero lo detengo yo! Afortunadamente, llevaba su pasaporte, que por casualidad lo ibaa renovar; lo mostró como identificación y pidió al joven que lasiguiera con su auto.
Más adelante, a unas cuantas calles, dando lavuelta, Florecita tranquilizó al muchacho, porque iban a cometercon él un agravio, probablemente pedirle dinero por un acto queno cometió.Estas cosas suceden a nivel nacional e internacional y, con falsedades, meten a Dios para justificar la agresión, y hasta se provocanguerras; o también, en nombre de Dios, se pretende hacer el mal,como lo que leí hace poco en un periódico: “Delincuentes robancarteras a feligreses mientras oran en la iglesia”.
El colmo…¿verdad?Si les platicara que hasta existe una iglesia muy pequeña en el Centro Histórico de nuestra capital metropolitana, en pleno barriode La Merced (de gran actividad comercial desde la época prehispánica), en donde asistían “los carteristas de profesión”,se persignaban con mucha fe para que les fuera bien.
El colmo…¿verdad? Es la Capilla del Señor de la Humildad, conocida tambiéncomo la “Mini Catedral”, construida por Hernán Cortés en elsiglo XVI. En el espacio CHILANGO.com hay un extraordinario reportaje de este pequeño recinto, que mide nueve metros de largopor cuatro metros de ancho, y solo caben 20 personas sentadas.Continúa en la página 13....
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