El consumo excesivo de edulcorantes puede dejar huellas en el metabolismo

Pequeñas decisiones cotidianas podrían tener efectos que van más allá de lo imaginado. Un grupo de científicos en Chile realizó un estudio en ratones sobre dos edulcorantes de uso muy común: la sucralosa y la stevia.
Los investigadores encontraron que el consumo de estos productos por parte de los padres produjo cambios en la microbiota intestinal y en la expresión de ciertos genes en sus crías e incluso en la siguiente generación.
Aunque los hallazgos no implican un daño directo en humanos, sí abren interrogantes sobre la posible influencia de estos compuestos durante etapas tempranas del desarrollo.
Según los autores, el consumo parental de sucralosa o stevia provocó modificaciones persistentes e intergeneracionales en el metabolismo, la actividad de genes intestinales y hepáticos, la composición de la microbiota y la producción de metabolitos bacterianos en descendientes que nunca estuvieron expuestos directamente.
Los resultados fueron publicados en la revista Frontiers in Nutrition y el trabajo estuvo encabezado por Francisca Concha Celume, junto con especialistas de la Universidad de Chile y del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, en Santiago.
La investigación se enfocó en la sucralosa y la stevia, dos endulzantes ampliamente utilizados en bebidas, yogures, postres y alimentos reducidos en azúcar. La primera es un edulcorante artificial sin calorías derivado del azúcar, mientras que la segunda proviene de la planta Stevia rebaudiana.
Cómo se realizó el estudio
Los científicos partieron de una pregunta sencilla: si el consumo habitual de estos edulcorantes por los padres podría dejar huellas en la salud intestinal y metabólica de hijos y nietos.
Para ello analizaron cambios en bacterias intestinales clave, la diversidad microbiana, la producción de ácidos grasos de cadena corta —importantes para la protección del intestino— y la expresión de genes como Tlr4 y Tnf.
Utilizaron ratones C57BL/6J divididos en tres grupos:
uno recibió solo agua, otro agua con sucralosa, y otro agua con stevia.
El tratamiento se mantuvo durante 16 semanas con dosis comparables a las que podría consumir una persona.
Qué observaron en hijos y nietos
Posteriormente los ratones fueron reproducidos y se estudiaron sus crías y nietos, quienes solo consumieron agua.
En los padres no se detectaron cambios relevantes en la tolerancia a la glucosa. Sin embargo, los efectos sí aparecieron en los hijos y, en algunos casos, en los nietos, especialmente en los descendientes machos de quienes recibieron sucralosa.
La stevia mostró un impacto más limitado y principalmente restringido a la primera generación.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que, aunque la microbiota de los grupos expuestos a edulcorantes mostró mayor diversidad, también produjo menores cantidades de ácidos grasos de cadena corta como propionato y butirato, compuestos clave para la salud intestinal.
Además, la sucralosa incrementó la expresión de genes inflamatorios como Tlr4 y Tnf en intestino tanto de padres como de hijos, mientras que la stevia produjo este efecto solo en la primera camada.
También se observó que la sucralosa favoreció el aumento de bacterias potencialmente perjudiciales y la disminución de microorganismos beneficiosos. En el caso de la stevia, los cambios fueron más discretos y menos duraderos.
Moderación y necesidad de más estudios
Los autores subrayaron que estos resultados corresponden exclusivamente a ratones y no deben extrapolarse de forma directa a humanos.
Además, reconocieron limitaciones, como no haber podido diferenciar con claridad el efecto del embarazo respecto al periodo posterior al nacimiento, así como haberse enfocado únicamente en microbiota fecal.
Por ahora, la recomendación es mantener un consumo moderado de estos edulcorantes mientras se desarrollan más investigaciones.
La propia Francisca Concha señaló que los efectos fueron más intensos en la primera generación y tendieron a disminuir en la segunda, aunque los asociados con sucralosa resultaron más consistentes y persistentes.
El equipo enfatizó que el propósito del estudio no es generar alarma, sino destacar la necesidad de seguir investigando los posibles efectos biológicos a largo plazo de estos aditivos.
En conjunto, los hallazgos cuestionan la idea de que los edulcorantes no nutritivos sean completamente inertes desde el punto de vista metabólico y sugieren que podrían influir en la salud de la descendencia a través de mecanismos microbianos y moleculares.
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