La fortaleza del peso no es como la pintan
Julio Alejandro MillánDurante buena parte de 2026, el peso mexicano mostró un desempeño destacado frente al dólar, sostenido por un diferencial de tasas favorable, remesas en niveles históricos, inversión extranjera récord, una menor exposición a los aranceles y efectos acotados del conflicto en Medio Oriente. Esa combinación llevó al tipo de cambio a niveles que no se registraban en más de dos años, alimentando la narrativa oficial sobre un buen desempeño de la política económica. Sin embargo, septiembre demostró que esas condiciones no eran permanentes: bastó una esperada decisión de la Reserva Federal para que en tres semanas la aparente fortaleza de la moneda quedara tambaleante y sujeta a la especulación.
El tipo de cambio interbancario a principios de septiembre rompió el piso de 17 pesos por dólar, llegando a 16.88; sin embargo, el día 30 cerró en 18.07 pesos por dólar, con la banca comercial vendiendo ya entre 18.10 y 18.40 pesos en ventanilla. La depreciación acumulada del mes ronda 7%, la mayor caída mensual desde agosto de 2024. En perspectiva, un promedio cercano a 18 devolvería al peso a los niveles de 2024, tras el mínimo de 16.62 de julio de 2023. Este ajuste no ocurrió por un solo evento, sino por una cadena de decisiones que, de manera aislada, habrían tenido un efecto menor, pero que juntas erosionaron en pocos días el margen que sostenía al peso.
Detrás del movimiento hay, primero, una decisión que los mercados esperaban desde hace tiempo. La Reserva Federal subió el 16 de septiembre su tasa 25pb a un rango de 3.75%-4.00%. Este suceso respondió a presiones inflacionarias ligadas a las tensiones geopolíticas que impactan los precios de energéticos. El Brent volvió a niveles superiores a los 100 dólares por barril, y el WTI supera los 90. Ahora bien, dado el grado de tensión con Irán, el mercado ve dos escenarios para el resto del año: una corrección si avanza el diálogo con Irán, o precios más elevados si se estanca. Ante el aumento en tasas y como reacción a las perspectivas de política monetaria se generó un aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro norteamericano, alcanzando el rendimiento a 10 años alrededor del 5.3%. Ante lo cual el propio mercado podría ya estar descontando un segundo aumento de tasas por parte de la Fed. Para el peso, el mensaje es claro: el ciclo de tasas altas en Estados Unidos se prolongará más de lo previsto y eso encarece relativamente mantener posiciones en pesos.
A esas señales externas, la respuesta de Banxico el 24 de septiembre fue mantener la tasa en 6.50% por tercera reunión consecutiva, a la vez de aclarar que no seguirá mecánicamente a la Fed. Con ello, el diferencial se ubicó en 250 puntos base, el nivel más estrecho desde 2008, debilitando el carry trade: invertir en pesos para aprovechar sus mayores tasas frente al dólar. Con menor rendimiento y mayor riesgo cambiario, algunos inversionistas venden pesos; además, las reservas cayeron por quinta semana consecutiva y sumaron 256,543 millones de dólares al 25 de septiembre, lo que no implica una crisis, pero reduce el margen para amortiguar la volatilidad.
Frente a este escenario, Banxico ha insistido en que no hay motivo de alarma inmediata. La gobernadora señaló que el traspaso de la depreciación a los precios sigue siendo, hasta ahora, sólo marginalmente perceptible, gracias al margen de maniobra económica y la credibilidad del instituto central. Sin embargo, el comunicado del 24 de septiembre incluyó, por primera vez en varias reuniones, mención explícita a la depreciación del peso como riesgo al alza para la convergencia inflacionaria, en momentos en que la inflación general ya pasó de 3.26% en agosto a 3.42% en la primera quincena de septiembre. En suma, la autoridad reconoce que el margen para ignorar el tipo de cambio se reduce. En este contexto de anticipación del mercado, cabe preguntar cuánto tiempo durará el ciclo de subidas de tasas por parte de la Fed. Programadas están dos reuniones más en el año (octubre y diciembre), en tanto que Banxico tiene reuniones en noviembre y diciembre.
Si bien el ajuste es coyuntural producto del movimiento de posiciones de los inversionistas, este puede verse exacerbado por la incertidumbre estructural. La revisión del T-MEC sigue sin resolverse, con aranceles vigentes de 25% a autos y 50% a acero y aluminio; S&P mantiene perspectiva negativa desde mayo, y Moody's, Fitch y HR Ratings advierten sobre el margen fiscal. No es casualidad que estas presiones coincidieran justo cuando la ventaja de tasas frente a Estados Unidos se reducía: los inversionistas ya no ven esa ventaja como suficiente y piden, además, un rendimiento extra por los riesgos propios de México. Mientras ese sobreprecio por la incertidumbre persista, el peso seguirá debilitado.
Llegar a 18 pesos por dólar no representaría, en sí mismo, un evento inédito: el propio Paquete Económico 2027 asume deliberadamente, vía los Criterios Generales de Política Económica, un tipo de cambio promedio de 18.40 pesos por dólar para el próximo año, y prevé reservas internacionales por 258.7 miles de millones de dólares como parte de su estrategia de estabilización. En contraste con la narrativa alarmista, el nivel actual está dentro de lo que el gobierno ya anticipó. El riesgo no es que el peso toque 18.50, sino que lo haga antes de tiempo y por razones distintas a las que Hacienda proyectó, dejando a la política monetaria con menos margen justo cuando la inflación empieza a acelerar, y trasladando a los hogares, vía precios de importaciones consumidas nacionalmente, un costo que hasta ahora ha sido sobre todo financiero.
Columna: Los derechos entran a casa
“Mejor no te metas”, “ya déjalo así”, “aguántate, no te van a hacer caso”. Conversaciones que alguna vez hemos escuchado o incluso sostenido entre familiares y amigos. Dichos con preocupación que se repiten muchas veces por costumbre, consejos a la ligera que hemos dado -- leer más
Noticias del tema