Ni cantidad ni calidad educativa
Valeria MoyMientras la CNTE vuelve a tomar calles, bloquear vías y paralizar ciudades enteras bajo la bandera de la educación, el sistema educativo mexicano se desmorona en silencio. No con escándalo. No con protestas. Con datos.
Empecemos por los recursos, el presupuesto suele decir más que los discursos. En 2026, México destinará 1.2 billones de pesos al sector educativo. Suena a mucho, pero no lo es. Ese monto equivale apenas a 4% del PIB, cuando la Ley General de Educación exige el doble: 8%. También estamos por debajo del promedio de los países de la OCDE, que destinan 5%. Además, el presupuesto de este año es 7% menor en términos reales que el de 2015, año en el que se alcanzó un máximo en los recursos destinados a la educación. Once años invirtiendo menos. Once años diciéndole a la infancia mexicana que no es prioridad.
Los recortes no se distribuyen de forma pareja. La educación media superior perderá 3% de sus recursos, y la superior, 4%. Se destinarán menos recursos a libros y materiales educativos. Se le quitará una quinta parte del presupuesto a la educación básica comunitaria, justo la que llega a donde nadie más llega.
En cambio, las becas crecerán 31%. Las becas pueden ser un complemento para el bienestar de los estudiantes y sus familias, pero no son, ni de cerca, sustitutos de una educación de calidad. ¿De qué sirve una beca si el becario no tiene maestros, no cuenta con materiales actualizados, ni tiene acceso a una escuela con infraestructura digna?
Todo esto ocurre mientras los resultados académicos caen. En las pruebas PISA 2022, México quedó en el lugar 35 entre los 37 países miembros de la OCDE que fueron evaluados. Somos el tercer país peor evaluado en matemáticas y comprensión lectora, y el último en ciencias. El retroceso en matemáticas nos regresó a niveles de 2003. Veinte años perdidos. No se trata únicamente de las horas que los niños pasan en clase, México no es el país con menos horas de clase: con 4,560 horas en primaria, estamos en la mitad de la tabla. El problema no es cuánto tiempo pasan los niños en la escuela, sino qué aprenden mientras están ahí.
Además, 4.2 millones de niños de entre tres y 14 años están completamente fuera del sistema educativo. Las entidades donde el rezago es más profundo son Chiapas, Oaxaca y Guerrero, las mismas donde la CNTE tiene su mayor presencia e influencia. Dudo que sea una mera coincidencia.
El gremio que hoy marcha exigiendo mejores condiciones lleva décadas controlando plazas, bloqueando evaluaciones y resistiendo cualquier mecanismo que mida si los niños están aprendiendo algo y si ellos hacen el trabajo que deben de hacer. No todos los maestros son así, desde luego, las generalizaciones siempre son odiosas. Pero la estructura sindical que encabeza las protestas ha sido, históricamente, un obstáculo para la reforma educativa, no su aliada.
México no puede darse el lujo de confundir cantidad de maestros en las calles con calidad educativa en las aulas. Hoy le estamos fallando a 24 millones de niños y jóvenes que viven con rezago educativo. Mientras el debate se queda en quién bloquea qué carretera, nadie habla de lo que más importa: lo que los niños mexicanos no están aprendiendo y el talento que el país está desperdiciando. Eso sí que debería parar el tránsito.
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