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Viajar no solo recarga energías: cómo el turismo puede frenar el envejecimiento

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Viajar no solo sirve para descansar, también podría influir en el envejecimiento del cuerpo.

Estudios recientes sugieren que las experiencias positivas durante los viajes pueden contribuir a ralentizar este proceso, al favorecer el equilibrio interno y fortalecer la capacidad de adaptación del organismo. Así lo plantea una investigación interdisciplinaria publicada en el Journal of Travel Research por científicos de la Universidad Edith Cowan, en Australia.

El trabajo introduce un enfoque innovador al aplicar el concepto de entropía —la tendencia natural al desorden— al ámbito del turismo y la salud. Desde esta perspectiva, ciertas experiencias pueden ayudar al cuerpo a mantenerse organizado y funcional, mientras que otras, como viajes estresantes o inseguros, podrían tener el efecto contrario.

La investigadora Fangli Hu explicó que, aunque el envejecimiento no puede detenerse, sí es posible desacelerarlo. En este sentido, los viajes con experiencias positivas podrían reducir el “desorden biológico” y favorecer una mejor salud general.

Cómo impacta viajar en el organismo

El estudio no afirma que viajar detenga el envejecimiento, pero sí propone que puede ayudar a mantener la estabilidad y la capacidad de recuperación del cuerpo frente al desgaste natural.

Los investigadores identificaron cuatro sistemas biológicos que se ven beneficiados por este tipo de experiencias:

Adaptación a nuevos entornos: La exposición a lugares desconocidos estimula al organismo y promueve procesos de autoorganización que ayudan a mantener el equilibrio interno. Sistema inmunológico: Las experiencias de viaje pueden activar defensas del cuerpo, mejorando su capacidad para detectar y responder a amenazas externas. Regeneración celular: Las vivencias positivas favorecen la liberación de hormonas que contribuyen a la reparación de tejidos. Reducción del estrés: Las actividades de ocio disminuyen la tensión física y mental, lo que impacta positivamente en el metabolismo y la salud general.

El papel del movimiento físico

Otro factor clave es la actividad física que suele acompañar a los viajes. Caminar, explorar, hacer senderismo o simplemente estar más activo de lo habitual mejora la circulación sanguínea, facilita el transporte de nutrientes y ayuda a eliminar desechos del organismo, lo que favorece sus procesos de mantenimiento.

Un campo en desarrollo

La llamada “terapia de viajes” es un área de estudio emergente. Aunque hay indicios prometedores sobre sus beneficios, los expertos coinciden en que aún se necesitan más investigaciones para confirmar sus efectos y establecer recomendaciones claras.

También existen riesgos

El estudio advierte que viajar no siempre es sinónimo de salud. Existen posibles riesgos como infecciones, accidentes o problemas derivados de una mala planificación, que pueden afectar negativamente al organismo.

En conclusión, no cualquier viaje tiene efectos positivos, pero cuando se combinan elementos como novedad, relajación, actividad física y un entorno seguro, viajar podría contribuir a un envejecimiento más saludable desde el punto de vista físico y mental.

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