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¿Y el Rocha?

Mario Maldonado

Rubén Rocha Moya lleva más de cinco meses replegado de la vida pública, salvo su fugaz regreso a la gubernatura de Sinaloa en agosto. Hasta hoy han transcurrido 162 días desde que Estados Unidos pidió su detención provisional con fines de extradición. Sigue sin ser entregado y ahora Andrés Manuel López Obrador salió en su defensa con una ofensiva contra Estados Unidos. Al respecto, la presidenta Claudia Sheinbaum fue prudente y marca distancia en el tono. ¿Fue un choque, un deslinde o una estrategia?

Rocha pidió licencia el 1 de mayo, volvió el 21 de agosto y al día siguiente solicitó separarse otra vez. El Congreso aprobó la nueva licencia el 23. Su intento de recuperar el poder duró menos de dos días; desde entonces han pasado 45 sin que retome el cargo. El 21 de septiembre, Sheinbaum dijo que estaba en su casa. Ese es el dato oficial sobre su paradero, pero no una comprobación de dónde se encuentra realmente.

El “¿Y el Rocha?” tiene autor. José Filiberto Sanz Beltrán, El Currito, comenzó a hacer esa pregunta en TikTok durante la violencia de septiembre de 2024. La convirtió en una serie de bromas sobre el gobernador mientras Culiacán se encerraba por la inseguridad. Varios videos del creador de contenido superan el millón de reproducciones y el más popular rebasaba seis millones. Rocha terminó atribuyendo la burla a una campaña en su contra.

Pero dos años después, la pregunta sigue vigente y ahora alcanza al fundador de Morena. ¿Por qué defender a Rocha así? ¿Qué representa para López Obrador? Hay muchas preguntas que encuentran coincidencia en que AMLO ha vinculado la defensa de Rocha con la de su movimiento. Al presentar las acusaciones como una operación política, está defendiendo su legado.

En su más reciente libro llamado “Pueblo”, López Obrador denuncia “la fabricación de expedientes con pruebas hechizas” y atribuye fines políticos y electorales al caso contra Rocha, Enrique Inzunza y otros señalados. La acusación contra un aliado queda convertida en una ofensiva estadounidense contra la Cuarta Transformación. Ese encuadre tiene consecuencias para Sheinbaum porque anticipa cómo una parte del oficialismo juzgaría cualquier decisión contra ellos.

La Presidenta marcó este miércoles una diferencia política. “Yo tengo que ser muy cuidadosa”, respondió al ser interrogada sobre el libro. Explicó su obligación de cuidar la relación con Estados Unidos. Después añadió “El presidente López Obrador ya dejó la Presidencia, él puede hablar más”. El expresidente conserva la libertad de confrontar y ella tiene que responder por las consecuencias.La distancia está en las responsabilidades y en el alcance de las afirmaciones. Sheinbaum reiteró que considera injerencistas distintas acciones estadounidenses, pero en ese intercambio no sostuvo que las pruebas contra Rocha fueran fabricadas. Cuando el reportero Salvador Corona planteó que el libro señalaba negociaciones de agentes estadounidenses en México con los hijos del Chapo, Sheinbaum corrigió esa interpretación. “No lo dice así, tal cual”. Precisó que López Obrador hablaba de comunicación. La Presidenta cuidó el alcance de la acusación, sin desautorizar a su antecesor.

¿Se trata de una incipiente ruptura o de una estrategia acordada? Puede haber una combinación útil para ambos. López Obrador endurece la posición del movimiento y aumenta el costo político de aceptar exigencias de EU. Sheinbaum puede invocar esos límites internos al negociar. El problema aparece cuando la defensa del aliado reduce también las opciones de quien gobierna.

La solicitud estadounidense llegó a la Cancillería el 28 de abril, un día antes de hacerse pública la acusación penal. México argumentó insuficiencia de elementos y remitió la documentación a la FGR. Ciertamente una petición de detención no equivale a una sentencia ni vuelve automática la extradición, pero después de 162 días, el gobierno debería explicar qué ha resuelto y qué sigue.

Si aparecen elementos para proceder contra Rocha, Sheinbaum tendrá que sostener la decisión frente a quienes adopten la tesis de la fabricación. Si no procede, deberá respaldar jurídicamente su posición ante Estados Unidos. AMLO le ofrece argumentos para resistir, pero también le fija compromisos políticos. Ahí está la tensión entre la lealtad al fundador y la responsabilidad de gobernar sin afectar a su antecesor.

¿Y el Rocha? Fuera del gobierno, defendido por AMLO y requerido por Estados Unidos. La Presidenta ya explicó por qué no puede hablar como su antecesor, ahora sería bueno saber hasta dónde puede decidir sobre personajes cercanos al entorno lopezobradorista.

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